¿Quién nos gobierna? caótica gestión sanitaria en España y la UE

La canciller Angela Merkel acaba de rectificar las medidas restrictivas que impuso hace dos días en Alemania y ha pedido perdón. En Italia se han encontrado, listas para exportar al Reino Unido, 29 millones de vacunas de AstraZeneca, y a la espera estamos que la Comisión Europea anuncie su confiscación y reparto en Europa.

Y desde los Estados Unidos llegan nuevas y alarmantes noticias sobre la calidad de la vacuna AstraZeneca, por informes en los que se asegura que los test probatorios no se hicieron bien. Lo que levanta alarma y sospecha mientras son muchos los ciudadanos españoles que rechazan esa vacuna.

Sobre la que el Gobierno español ha cambiado varías veces de criterio y ahora nos dice que se aplicará hasta las personas de 65 años, cuando hace muy poco se limitó a la edad de los 55 años.

Y menos mal que no salió adelante la propuesta de la ministra Darias de imponer en nuestro país un toque de queda en los días festivos de la Semana Santa a las 8 de la tarde, todo un disparate extremo. Como lo es el que se permita a los extranjeros entrar en cualquier Comunidad Autónoma y no a los españoles.

Y para colmo todavía no sabemos si el presidente Sánchez desea prorrogar el estado de alarma que acaba el 5 de mayo o si, por el contrario, se acaba esta pesadilla y con ella los poderes extraordinarios que la ‘alarma’ otorgan al jefe del Ejecutivo.

Lo que resulta inaudito es el caos y las contradicciones que imperan en el seno de la Comisión Europea, que preside Ursula Von Der Leyen, la que ha fracasado estrepitosamente en la compra y selección de las vacunas. Y lo que está impactando de manera muy negativa en la sanidad y la salud en los países de la UE y en la economía y el empleo de nuestras naciones.

Y en España ocurre lo mismo, el Gobierno sigue dando bandazos y ahora, temeroso de una cuarta ola de pandemia y sin vacunas que ofrecer (que las compre a Rusia o China) propuso, sin éxito, a las autonomías el cerrojazo del toque de queda a las 8 de la tarde en Semana Santa. Lo que de haber salido adelante hubiera sido un castigo añadido al sufrido pueblo español, y a los sectores del turismo, la hostelería y restauración.

Lo único cierto y que está claro es que nuestros gobernantes europeos y españoles no están, ni se les espera, a la altura de la grave situación.