El centro derecha lo liquidó Aznar

De una buena parte de la grave situación política e institucional por la que ahora atraviesa nuestro país tienen responsabilidades claras los ahora ex presidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar. Empezando por su indirecta complicidad -‘in vigilando’- con las graves ‘andanzas’ del Rey Juan Carlos I en los pasados años de su reinado.

Un Aznar que ahora celebra en los medios y reuniones el 25 aniversario de su triunfo electoral en los comicios del 3 de marzo de 1996. Aunque sabido es que en España las elecciones con alternancia no las gana la oposición sino que las pierde el Gobierno de turno por sus abusos y sus errores, tal y como le ocurrió a González en 1996, a Aznar en 2004, Zapatero en 2011 y Rajoy en 2018.

Aunque es cierto que Aznar en los años noventa aunó el centro (los restos de la UCD) y la derecha (de Alianza Popular) en su nuevo PP y así logró una mayoría minoritaria de 156 escaños en 1996. Lo que le obligó a sentarse con en el ‘Pacto del Majestic’ y hacer concesiones de soberanía nacional a CiU, -como las hizo González en 1993-, incluso a entregar a Pujol la cabeza bien amueblada de Alejo Vidal Cuadras, y ahí empezó el declive del PP catalán.

Aznar gobernó en minoría y lo hizo razonablemente y con cierta moderación hasta que en el año 2000 ganó las elecciones por mayoría absoluta y se le escapó ‘el Franquito’ que llevaba dentro. Provocando un giro conservador del PP, una vez que los restos de la UCD se habían evaporado motivo por el que Aznar, en pleno disfrute del poder, liquidó el centrismo e imaginamos que dijo para sus adentros: ‘ahora voy a ser yo’.

Un centrismo que Aznar había dilapidado con sus mentiras belicosas en la segunda Guerra de Irak, a la sombra de su amigo Georges W. Bush, con su atlantismo en el menoscabo de la UE, sus escandalosas privatizaciones de empresas públicas y con la acumulación de los medios de comunicación de corte conservador. Y, finalmente y en su despedida, con sus mentiras sobre la autoría, sin duda yihadista, de los atentados del 11-M en Madrid.

Los que Aznar quiso endosar a ETA para evitar que los electores del 14-M de 2004 relacionaran el ataque yihadista como una respuesta al apoyo de Aznar a la segunda Guerra de Irak. Pero las mentiras de Aznar (y Acebes y Zaplana), lejos de convencer a los votantes fueron descubiertas y dejaron a la intemperie al PP que lideraba Mariano Rajoy facilitando la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero.

Un Rajoy con el que Aznar nunca fue respetuoso ni leal, precisamente por no subirse Rajoy al carromato fantasmagórico -‘remotos desiertos y lejanas montañas’- de la falsa conspiración aznarí del 11-M.

Si hizo Aznar, en sus dos legislaturas, una buena política económica y social y mantuvo buenas relaciones con el PSOE, CiU, PNV y sobre todo con Julio Anguita cuando el cordobés lideraba IU. Y alguna tensión si que se atrevió a plantear al Rey Juan Carlos cuando le impidió visitar Cuba de manera oficial.

Pero la mayoría absoluta del año 2000 alimentó la soberbia de Aznar -de la que hizo gala en la ‘boda imperial’ de su hija en El Escorial (con Francisco Correa entre los testigos del novio), y fomentó su autoritarismo hasta el ‘dedazo’ en la secesión con el que eligió a Rajoy frente a un Rato que ya estaba bajo las sospechas de corrupción.

Y tras apadrinar a Casado frente a Santamaría y colocarle a la ‘aguerrida’ Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del Congreso y algo después de haber dicho que Santiago Abascal era ‘un chico lleno de cualidades’, Aznar después de dos derrotas generales de su pupilo Casado en 2019 (28-A y 10-N, y otras dos en el País Vasco y Cataluña, exige a un Casado que reniega de la historia y la sede del PP que se esfuerce en una nueva refundación del centro derecha español. El mismo centrismo que él años atrás dilapidó.

Y que, de refundarse lo hará un buen ‘caballo ganador’ -con cuatro mayorías absolutas en Galicia-, de las caballerizas de Mariano Rajoy, que tiene larga experiencia de buen gobierno y que se llama Alberto Núñez Feijóo.