Reconocer al Rey Juan Carlos en su ausencia

Extraña y breve ceremonia en el 40 aniversario del golpe de Estado del 23-F de 1981 en la que el Rey Felipe VI y la presidenta Batet del Congreso de los Diputados han reconocido, respectivamente, que ‘la firmeza y autoridad’ del Rey Juan Carlos I permitieron la recuperación de la democracia y del orden constitucional frente a los golpistas.

E importantes palabras y advertencias de Batet frente a quienes todavía se dedican a ‘deslegitimación de las instituciones democráticas’. Alusión que sin duda incluyen un señalamiento intencionado a Pablo Iglesias, que ayer se negó a aplaudir el discurso del Rey con otra actitud ‘inadmisible’, como diría el presidente Sánchez, que aún lo mantiene en el Gobierno, mientras agoniza la coalición.

Al tiempo que Batet, con sus palabras y advertencias, contra los ataques a las instituciones democráticas estaba lanzando un aviso al populismo y al nacionalismo golpista en Cataluña y a quienes lo secundan.

Pero extraña ceremonia por la ausencia en ella de su primer protagonista el Rey Juan Carlos I que continúa, inexplicablemente, fuera de España y que imaginamos que habrá seguido este aniversario en soledad y con emoción.

Así se ha pasado la página de esta histórica efemérides mientras el país se va recuperando poco a poco de la pandemia. Pero sin solucionar la crisis de las vacunas que llegan tarde y van muy rezagadas respecto a otras de las naciones de nuestro entorno, por culpa del rotundo fracaso de la gestión de la UE, y también del gobierno español.

Donde continúa la pelea cainita de Sánchez e Iglesias, ayer a propósito de los alquileres, y mientras permanece bloqueada la renovación del Consejo General del Poder Judicial, donde Podemos pretende nombrar a dos de los consejeros, a lo que se opone el PP.

Como bloqueada continúa en Cataluña la negociación para la formación del nuevo gobierno que se disputan Salvador Illa y Pere Aragonés. Mientras en el día de ayer la Comisión del Parlamento Europeo, que estudia el caso, le ha quitado la inmunidad a Carles Puigdemont y a los demás prófugos de la Justicia española por el golpe catalán del 27-O de 2017. Lo que reactivará el procedimiento de extradición si, a primeros de marzo, el pleno de la Cámara, como se espera, confirma esta decisión.

Lo que será otra pésima noticia para JxC que se suma a su tercer lugar en las pasadas elecciones catalanas del 14-F, en las que los herederos de CiU han perdido el liderazgo que mantenían en el campo soberanista y ahora están a la espera de lo que decida hacer ERC con el nuevo gobierno de la Generalitat.

Mientras el cielo de la pandemia y de la esperanza se empieza a abrir en España el de la estabilidad política sigue oscuro y cerrado a cal y canto a la espera de un reencuentro político e institucional entre los dos primeros y grandes partidos nacionales.

Los que, muy lejos de lo que ejemplarmente está ocurriendo en la Italia de Mario Draghi, no acaban de entender que la unidad nacional es más nunca imprescindible para recuperar la convivencia, la sanidad y la economía de este país.

Unidad como la que se forjó en España tras el fallido intento del golpe de Estado del 23-F en pos de la recuperación democrática, las libertades y el orden constitucional.