Cataluña empeora su crisis y Sánchez aumenta su poder

Esta misma semana decenas o cientos de empresas catalanas ya habrán comenzado a hacer las maletas para abandonar este territorio del que han salido otras miles y ninguna volverá. Así lo anuncian los resultados del 14-F catalán que vuelven a colocar a los jefes de dos bandas de delincuentes golpistas, el uno preso y el otro huido de la Justicia, como los amos de la Generalitat.

Cualquier otra lectura sobre lo ocurrido el domingo pasado en Cataluña no se ajusta a la realidad. Y cualquier intento de apaciguamiento o diálogo, en mesas, celdas o en guaridas de prófugos, están llamados a fracasar salvo que los gobernantes de este país decidan, desde el interior del Gobierno, que se debe violentar la Constitución, la Democracia y la legalidad.

Entre las causas principales de esta situación figuran altos dignatarios del poder económico catalán, empresas que con habilidad y gran disimulo financian a los separatistas y a sus distintas organizaciones y aparatos de infame propaganda.

Y una trama de medios de comunicación de todos los tamaños que tratan, como La Sexta TV, a delincuentes como Junqueras -un sedicioso y ladrón de fondos públicos- como si fuera un estadista en obsequiosas entrevistas en las que el delincuente insulta, sin réplica alguna, al Jefe del Estado, las instituciones la democracia, y a España. La nación que denigra, dentro y fuera de nuestro país, el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias.

Los errores cometidos para llegar a esta situación son más y muchos de ellos vienen de lejos o incluso de cerca y están anclados en la hasta ahora necesidad del presidente Sánchez de permanecer en el poder. Incluso con el argumento razonable de que en esta hora de la zozobra nacional España necesita un Gobierno, lo que es verdad pero más bien en consonancia con la línea italiana de Mario Draghi.

Pero, constituido el Gobierno, aprobados los PGE con ayuda de la escoria (por la ceguera suicida de Cs y el PP), llegando como están las vacunas y a la vista como parecen estar los fondos de la UE, Sánchez ya no necesita a Iglesias, ni a Otegui, ni Junqueras, y además no tiene oposición.

E incluso, en cierta manera, ha convertido al Rey Felipe VI en su rehén, y tiene en Vox el idóneo espantajo que necesita para justificar su autocracia izquierdista en el menoscabo de la normalidad democrática e institucional.

En realidad a Sánchez lo único que le preocupa es la vigilancia de la UE una vez que cree tener al alcance de su mano el control del Poder Judicial, como tiene a la fiscal general Dolores Delgado convertida en la nueva ‘mascota’ de La Moncloa que saca a los presos golpistas para la campaña electoral y que los vuelve a guardar en la fonda de Lledoners para que se avengan a pactar con Illa, el presunto triunfador electoral, un gobierno ‘transversal’ catalán.

Sánchez es imbatible, un profesional de la política y el poder al que le falta un destello que lo deslumbre, lo tumbe del caballo y le anime a regresar a la senda constitucional. Y al encuentro con el sentir sin duda mayoritario en el PSOE y el conjunto de la Sociedad. Pero el destello cegador y esperanzador aún no ha llegado por lo que, de momento, el presidente imbatible continúa cabalgando a sus anchas y ufano en la oscuridad.