Todo gira en torno a Junqueras y la abstención

Desde que en una salida carcelaria Oriol Junqueras se le acercó a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados y le dijo ‘tenemos que hablar’, a lo que Sánchez contestó ‘hablaremos’, la relación del Gobierno de España con el soberanismo catalán estuvo marcada por ese diálogo, directo o indirecto, entre el presidente Sánchez y el líder de ERC Junqueras. El que fue -como dice la sentencia del Tribunal Supremo- ‘el jefe’ del fallido golpe de Estado catalán del otoño de 2017.

De ese diálogo Sánchez-Junqueras emana todo lo demás. Y especialmente la investidura de Pedro Sánchez y la aprobación de los PGE de 2021. Pero cuando llegó el momento de que Sánchez pagara sus favores a ERC en La Moncloa se apostó por qué las elecciones catalanas fueran el 14-F para no dar tiempo a tramitar los indultos y para que Junqueras no pudiera ser el candidato de ERC a la Generalitat.

Porque si el 14-F gana ERC no es lo mismo que el PSOE invista a Aragonés presidente de la Generalitat que a Junqueras, ‘el jefe’ del golpe. Y además la ausencia del preso de Lledoners del cartel de ERC -con el que se intentaba escenificar un Mandela a la catalana- le daba a Sánchez la oportunidad de llevar al PSC a la victoria con el llamado ‘efecto Illa’.

El que se empieza a desinflar por su exhibicionista soberbia y el que puede sufrir el duro impacto de la abstención. La que, de alcanzar la cifra del 30 % de los votantes, como lo vaticinan algunos finos analistas, podría tener un efecto demoledor en la aspiración del PSC. Y ello por más que el pintoresco director del CIS, José Felix Tezanos, se empeñe en colocar desde ahora y como reclamo electoral de un pretendido ‘cambio en Cataluña’ a Illa en el pedestal del 14-F.

Una abstención esperada y lógica por miedo a la pandemia y por cansancio de la insoluble crisis catalana que puede dañar más en estos comicios a los partidos españolistas y catalanistas que a los separatistas, que esperan que en esta cita el soberanismo logre superar el 50 % de los votos emitidos. Y una abstención que puede facilitar que los votantes jóvenes más radicales primen a Vox frente al PP y a la CUP frente a Podem.

Lo que sería un daño añadido al problema catalán, pero amortiguado por la ausencia garantizada -para presidir la Generalitat hay que ser diputado- de Junqueras en el palacio de la Generalitat. Aunque Aragonés si podría, tras el indulto, nombrar a Junqueras en la Generalitat ‘Conseller en Cap’ al estilo de lo que Putin hizo en Rusia con Medvedev, para seguir controlando el poder.

Y ello sin descartar que Junqueras, que tiene la llave de los dos gobiernos posibles (el soberanista con ERC, JxC y CUP, y de izquierda con ERC, PSC y Podemos) no dudará en buscar una repetición electoral en Cataluña a la primera oportunidad si, finalmente, el burlador Sánchez no le concede en la ‘Mesa de Diálogo’ lo que pide ERC.

Pero parece claro que Junqueras, que odia al ‘cobarde’ prófugo Puigdemont más que a España y por lo tanto preferirá un Gobierno con PSC o otro con JxC, nunca piensa renunciar a inscribir su nombre en la lista de presidentes de la Generalitat revestido, como ex preso, con honores de héroe nacional.