¿Dónde está el Mario Draghi español?

El presidente de Italia Sergio Mattarella ha encargado la formación de un nuevo Gobierno del país al ex presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, tras los recientes desencuentros entre los responsables del último Ejecutivo italiano Giuseppe Comte y Matteo Renzi.

El de Mario Draghi será el sexto gobierno italiano en los últimos 12 años (a dos años por Gobierno). Y pretende ser un Gobierno, tecnocrático de unidad nacional para sacar el país de la grave crisis sanitaria y económica en la que se encuentra, con la ayuda de los algo más de 200.000 millones de € que les ha concedido la Unión Europea (60.000 más que a España).

No es la primera vez que algo así ocurre en Italia, porque ya en 2011 el ex presidente de la República Giorgio Napolitano le hizo un encargo similar al ex comisario de la UE y prestigioso economista Mario Monti, que enderezó la deuda del país y aprobó unos presupuestos anti crisis.

En Italia la política está acaballo entre el arte de la intriga y el espectáculo pero en ella manda y mucho el pragmatismo y el interés nacional. Y los altos cuerpos de la Administración del Estado, instituciones fuertes y su exquisita diplomacia mantienen la navegación de la nave del país a flote y a través de las tormentas.

En España la situación sanitaria y económica es similar a la italiana, más aquí tenemos como serios problemas añadidos el deterioro institucional de la Justicia, el Parlamento y la Jefatura del Estado.

Por ejemplo ¿imaginan que el Presidente del Consejo de Ministros italiano hubiera prohibido al Presidente Mattarella visitar Milán para asistir a un acto académico, tal y como lo hizo el pasado mes de septiembre Pedro Sánchez vetando un viaje del Rey Felipe VI a Barcelona?

O ¿Que el Gobierno de Italia desoiga y desprecie al Consejo de Estado, al Consejo General del Poder Judicial y al Tribunal Supremo, como ocurre en España? O que se niegue el Gobierno a responder en el Parlamento las preguntas concretas y razonables de la oposición?

Y qué decir del actual Gobierno español de Pedro Sánchez, cuya estabilidad depende del populismo de extrema izquierda de Podemos (a su lado los del Movimiento 5 Estrellas son socialdemócratas), de Bildu el brazo político de los terroristas de ETA, y de un partido separatista como ERC que en otoño de 2017 intentó un golpe de Estado y la independencia de Cataluña?

La crisis política italiana es una balsa de aceite frente a la de España, en la que además el nivel y talento de la clase política deja mucho que desear en todos los niveles, de los gobiernos central y autonómicos. De ahí que, por el momento, no se atisba en nuestro oscuro horizonte el modo ni la imagen y la persona de un estadista de prestigio que pudiera desempeñar en España el rol que Mario Draghi va a intentar en Italia.

Y si lo hubiera Sánchez nunca consentiría que el Rey hiciera una pública propuesta -aunque la vía española pasa por el Congreso de los Diputados- de que se negocie y se forme un gobierno de gran coalición de PSOE y PP, al estilo del de Alemania, como sería lo lógico. Y con un Gabinete presido por un independiente de prestigio que es a lo más que podríamos llegar los españoles, si Sánchez y Casado dieran dos pasos atrás en beneficio de la cohesión y del interés general nacional.

Pero a Pablo Casado le ha vuelto a estallar en los juzgados y en los medios la corrupción del PP y no está en su mejor momento ni tampoco tiene en su equipo dirigentes de alto nivel (su modelo y estrella es la pintoresca Ayuso).

Sánchez tiene algunos ministros y dirigentes del PSOE aceptables, pero su despotismo autocrático y sobre todo inseguridad personal (no duerme al pensar en que alguien desde el PSOE lo quiere echar como en 2016) no solo dañan la vida democrática y las instituciones de España sino que nos llevan, jaleado por su coalición Frankenstein, a un temerario cambio de Régimen -confederado, plurinacional y republicano- de impredecibles consecuencias porque Sánchez considera que mientras dure ese incierto viaje él siempre permanecerá en el poder.