Sánchez impertérrito sigue por la linde

El hombre de madera, con cara de palo, que es Pedro Sánchez, ni sufre ni padece con lo que ocurre en España y a su alrededor. Como el burro (con perdón) del cuento que sigue impertérrito su camino aunque se acabe la linde Sánchez, también impertérrito, mientras la economía se hunde, crece la pandemia y se frena la aplicación de las vacunas, también sigue su ruta no sabemos hacia donde y el tampoco.

Pero esta vez lleva en sus alforjas los contratos para la compra de vacunas y las promesas de Bruselas de que contará con los fondos de la UE. Salvo que se empeñe en controlar el Poder Judicial y se enciendan alarmas en la Comisión Europea lo que tampoco hay que descartar, porque ya en una ocasión le dieron un serio aviso y al rucio del cuento le tiraron del ronzal.

Sin embargo en esta nueva fase de la legislatura el salvoconducto que tiene Sánchez para avanzar sin problemas, con o sin Pablo Iglesias, con o sin los indultos para los golpistas, con o sin reforma laboral y de las pensiones, son los PGE de 2021 que le garantizan para los próximos dos años su presencia en el poder.

Ahora bien está claro que Sánchez quiere y puede seguir en La Moncloa pero no tiene un proyecto definido para España. Él va actuando a medida que se producen o estallan los acontecimientos y ahora le objetivo a corto plazo es ver que ocurre en las elecciones catalanas del 14-F para las que aún faltan casi veinte días.

Demasiado tiempo en el que todavía puede ocurrir de todo y no digamos en el ámbito sanitario donde los datos y las advertencias van de mal en peor. Y si la situación empeora de manera exponencial entonces el TSJC podría en ese caso suspender las elecciones del 14-F y ello si sería un gran fracaso y duro revés para la estrategia de Sánchez (aunque España se habría librado del ministro Illa).

Una estrategia que, en el corto plazo, tiene entre sus objetivos y deseos conseguir que Illa gane las elecciones y se convierta en presidente de la Generalitat con los votos de ERC, si es que Junqueras quiere el indulto y recuperar la libertad.

Eso sí, para derribar Junqueras el Gobierno de Illa cuando le plazca, volver a pactar con Puigdemont y, dentro de un año, celebrar las nuevas elecciones catalanas en las que el Polifemo Junqueras podría por fin ser candidato a la Generalitat.

Porque el cuento de la lechera catalana según el cual Salvador Illa -que deja en Madrid un espantoso pasado fin de semana de muertes y contagios- va a solucionar en un abrir y cerrar de ojos el problema catalán eso no se lo cree nadie en Cataluña ni en el resto de España.

Pero Sánchez de momento sigue por la linde al trotecillo lento, mirando al infinito como le obligan las orejeras y su proverbial tozudez y convencido que no hay nadie en la Oposición que le haga sombra y confiando en exceso en el miedo y la preocupación de los españoles para contener un posible y no descartable estallido y rebelión de la ciudadanía que, si esto sigue así, acabará por estallar.