Iñaki Gabilondo se retira

El periodista Iñaki Gabilondo anunció ayer en el programa ‘Hoy por hoy’ de la Cadena Ser que deja su colaboración diaria en la Ser y en el diario El País con el argumento de que está ‘empachado’ del ‘enconamiento partidista’.

Entendemos la decisión de Gabilondo que le honra, porque son muchos los periodistas de este país que tienen la misma sensación de cierta orfandad y desconcierto ante una clase política frentista e incapaz de comportarse a la altura del tiempo tan difícil y excepcional que estamos viviendo en España.

Pero creemos que hay algo más en esta crisis política democrática y moral donde imperan la mentira y el descrédito que emana desde el Gobierno de la nación en contra de la ejemplar y fructífera Transición española. La que Pablo Iglesias quiere dinamitar, ante la pasividad de Pedro Sánchez y con la eufórica colaboración de golpistas catalanes y amigos políticos de ETA.

Lo que se hubiera podido evitar si Pablo Casado hubiera tendido la mano a Sánchez una vez que Albert Rivera despreció la oportunidad del Gobierno del centro izquierda el 28-A de 2019. Pero Casado, hundido Cs y jaleado por los medios conservadores radicales, tampoco se movió tras las elecciones del 10-N. Ni más tarde en los ‘estados de alarma’ ni para intentar evitar unos PGE de 2021 del PSOE con Podemos, Bildu y ERC.

Pero tampoco el diario El País, ahora en la órbita ‘sanchista’ de La Moncloa, ni la SER han estado todo este tiempo a la altura de las circunstancias y la verdad de lo que ocurre y está pasando en España, salvo en los artículos de Gabilondo, Cebrián, Azúa, León Gross y Gil Calvo entre otros analistas.

Estos medios de Prisa han jugado en ocasiones de manera temeraria con el ‘apaciguamiento’ que hace unos días denunció Paul Krugman en un artículo titulado ‘Es hora de hacer frente a los fascistas que nos rodean’, diciendo que ‘el apaciguamiento’ ha sido el gran error que en EEUU, los medios y las instituciones democráticas, han cometido durante años consintiendo la deriva fascista de Donald Trump, ahora culminada en el reciente asalto del Congreso por su violenta horda de zombis de extrema derecha populista.

Apaciguamiento también del ‘sanchismo’ y de sus aliados ‘Frankenstein’, como los llamó Rubalcaba, en el que lamentablemente han colaborado algunos barones y dirigentes constitucionales del PSOE por ‘desistimiento’ de su compromiso democrático al no oponerse ni denunciar hechos de la mayor gravedad. Un ejemplo emblemático fue: la decisión de Sánchez de vetar el viaje del Rey Felipe VI en Barcelona para asistir a un acto en la Escuela Judicial. Lo que el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, justificó diciendo que la presencia del Jefe del Estado español en Barcelona ‘dañaba la convivencia en Cataluña’ (sic).

Ahora Sánchez con los PGE de 2021 en su poder, lo que impide el chantaje de Iglesias, tiene la oportunidad de volar solo y de romper con los pactos Frankenstein (sobre todo si Casado ayuda) y de regresar por fin a la senda democrática y constitucional de la Transición.

Salvo que sea tarde y Sánchez esté decidido a pasar el Rubicón del cambio del Régimen porque en el espejo mágico de Moncloa se ve como Presidente de la República, como se lo susurra su particular Pepito Grillo de Galapagar.

En el periodismo democrático de la Transición hemos vivido momentos de unidad apasionante (como en el 23-F) y sonoros desencuentros a una y otra orilla del Río Bravo de la información. Pero este vuelve a ser un tiempo difícil y decisivo para España en el que los periodistas como Iñaki Gabilondo no se pueden ni se deben retirar. Además, siempre nos quedará el ancho mar de Internet para navegar en libertad.