El triunfo, el precio y las razones de Sánchez en los PGE

El Congreso de los Diputados ha aprobado los PGE de 2021 presentados a la Cámara por el Gobierno de coalición que lideran Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Unos PGE que contaron con los votos de PSOE, UP, ERC, PDeCAT, PNV, Bildu, MP y otras minorías, con un total de 188 votos, los que suman 12 más de la mayoría absoluta requerida.

Unos PGE que, la espera de su confirmación en el Senado donde Gobierno cuenta con una holgada mayoría, le ofrecerán a Sánchez un indiscutible triunfo político y la estabilidad de su presidencia en el resto de legislatura.

Y le permitirán al presidente abordar la recepción y aplicación de Fondos de la UE para la recuperación económica y social del país y así como mejorar la lucha contra la pandemia del covid y la rápida aplicación de las vacunas que están en las puertas de la UE. Lo que es necesario.

Y estas son ‘las razones de Estado’ y de ‘interés general español’ que puede aducir Sánchez para justificar su sometimiento a las públicas humillaciones y el chantaje de Iglesias y del soberanismo vasco y catalán, aceptando las exigencias políticas, jurídicas y de soberanía nacional que le han impuesto sus compañeros de viaje en los PGE. Los mismos que le acompañaron en la moción de censura contra Rajoy en junio de 2018, y luego en su investidura en enero de este año 2020.

Sánchez podría decir, en defensa de sus concesiones políticas que el país, España, se enfrentaba a un ‘estado de alarma’ sanitaria como el que está en vigor hasta el 9 de mayo, y a un ‘estado de necesidad’ social y económica como el que se vive en nuestro país.

Y no es cierto, como dice Arrimadas que Sánchez tenía otra opción con Cs porque esa posibilidad fue vetada por Podemos y PNV y por lo tanto era imposible que prosperara. De manera que Sánchez si quería los PGE no tenía más remedio que el pacto con Iglesias, Junqueras, Otegui y Ortuzar a los que además les debía el pago de su investidura.

Y es así como Sánchez aceptó liquidar en Cataluña la Lengua Castellana en la enseñanza, entregar el cuartel Loyola del Ejército en San Sebastián, mover a decenas de presos de ETA hacia el País Vasco, conceder los indultos a los golpistas catalanes presos y reformar el delito de sedición en el Código Penal, menospreciar al Rey en Cataluña al que prohibió viajar a Barcelona, ampliar el cerco al Poder Judicial y primar con miles de millones de en los PGE a los gobiernos catalán y vasco en menoscabo del resto de las CC.AA.

Todo esto, que no es poco e incluye una carga política de profundidad, ha sido posible con la connivencia de un PSOE humillado y arrodillado ante Sánchez y amparado por RTVE, La Sexta TV, la cadena SER de radio y el diario El Pais.

Y sin que Pablo Casado desde el PP hiciera el gesto de ofrecer a Sánchez un pacto presupuestario, aún a sabiendas que el presidente lo rechazaría con el argumento falaz de que él buscaba unos PGE ‘progresistas’. Los han sido elaborados en línea con la centrifugación territorial del Estado que proponen Iglesias, Junqueras y Otegui (la ‘España plurinacional’ camino del cambio de Régimen) y con ataques a la libertad de expresión y la propiedad privada.

Todo ello con ingentes subidas de impuestos directos e indirectos y un expansivo gasto social, en muchos casos imprevisibles para ayudar a los ciudadanos más débiles, pero que en otros casos van en contra de un modelo productivo y europeo para la recuperación de la economía y el empleo.

Pero son las concesiones políticas al soberanismo las que avanzan como torpedos contra la línea de flotación de la nave electoral del PSOE donde impera la preocupación. Y donde se espera que, una vez que Sánchez ha conseguido los PGE y no puede ser chantajeado por Iglesias, el presidente dará un golpe de timón en su Gobierno donde debe de recuperar el mando que ahora tiene Iglesias y regresar a la senda democrática, socialdemócrata y constitucional del PSOE de la Transición.

Llegando incluso Sánchez a expulsar a Iglesias y a Podemos del Gobierno para gobernar en solitario y con moderación hasta el final de la legislatura si Iglesias insiste en ‘tumbar’ como dice Bildu el Régimen de la Transición. Lo que sería mucho esperar de Sánchez, político sin escrúpulos y autocrático. El que además parece haber sido abducido por Iglesias y por su pretendido cambio de Régimen en pos de una República confederal.

Dos opciones pues, regreso a la Transición o cambio de Régimen, ante las que Sánchez, ahora triunfador en los PGE que ha pilotado Iglesias, tendrá que optar en los próximos meses para clarificar su posición.

En todo caso los PGE de 2021 eran necesarios y a pesar de los pesares y de su altísimo precio ahí están.