Arrimadas, sacrificada por Sánchez

‘Gambito de Dama’ se llama una de las últimas series de moda en Netflix, y así se le conoce a una de las más famosas jugadas de ajedrez en la que un jugador sacrifica su dama (la Reina) para conseguir una ventaja estratégica en el tablero que le facilite la victoria.

Y algo parecido podría ser lo que ha ocurrido con Inés Arrimadas durante la negociación de los Presupuestos de 2021 donde Pedro Sánchez aceptó la entrega de la cabeza de la líder de Cs a Pablo Iglesias, para conseguir, en las próximas semanas, los PGE que le darán a Sánchez -y no a su Gobierno de coalición- todo el poder durante los próximos dos años.

Ahí incluida la posibilidad de echar a Iglesias y sus ministros del Gobierno quedándose Sánchez en minoría para Gobernar, recuperando la relación con Cs y apuntándose él y el PSOE los éxitos de la recuperación económica y social del país con los fondos europeos y las esperadas vacunas contra la pandemia que llegarán a primeros de año.

No en vano, si Sánchez engañó a los españoles en las elecciones del 10-N prometiéndoles que nunca pactaría con Iglesias, Junqueras y Otegui -los que buscan el cambio de Régimen- también podría Sánchez, una vez que tenga los PGE en su poder, engañar a sus socios de la alianza Frankenstein ante el riesgo de una rebelión en el PSOE y de un estallido social en España.

En todo caso, la moneda de cambio fue Arrimadas que de temeraria manera se prestó a negociar los PGE con Sánchez, a sabiendas de como las gasta el Presidente y quienes son sus verdaderos aliados de la investidura y puede que también de lo que queda de legislatura.

Y tardía y farragosa es la explicación de Arrimadas de su acercamiento a Sánchez con el argumento de ser ‘útil’ a España. Porque el mercadeo de los PGE entre los partidos políticos no tiene nada que ver con el contenido económico y social de los PGE, como tan inocentemente lo pretendía en el debate del Congreso la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

No en vano la verdadera negociación de Sánchez con sus aliados de la investidura versaba sobre favores a los presos de ETA con Bildu, e indultos y marginación de la lengua Castellana en Cataluña con ERC, entre otras cosas además de ventajas financieras especiales para el País Vasco (regalo al PNV) y para Cataluña en el menoscabo del resto de las CC.AA.

Arrimadas, con problemas en el interior de Cs y con la crítica abierta de Albert Rivera, que ya está en el entorno del PP, ha salido abrasada de está negociación con Sánchez que ella pretende explicar a sus militantes y sus votantes, lo que no le será nada fácil. Y lo que constituye la prueba de su error porque cuando un político tiene que dar más explicaciones sobre lo que hace que órdenes eso es muy mala señal y la prueba de que algo hizo mal.

Ahora, la partida ha entrado en las semanas definitivas de la negociación de los PGE en la que veremos progresos en favor de los indultos de todos los golpistas catalanes (para que Oriol Junqueras pueda ser candidato en las elecciones catalanas del 14 de febrero), a la espera de que la votación final y favorable a los PGE concluya pronto. Y mientras en el PSOE crece más bien de soterrada manera la indignación por las concesiones de Sánchez a sus aliados y su pacto con Bildu y ERC.

Pero no parece que nadie se atreva en el PSOE a ir más allá de una pública crítica como la Garcia Page diciendo que ‘el pacto con Bildu no tiene un pase’. Y tampoco cabe imaginar que una veintena de diputados socialistas se abstenga en la votación de los PGE como ya ocurrió a finales de 2016 en la investidura de Mariano Rajoy.

Ahora bien, las buenas palabras de consuelo de la ministra M.J. Montero y de la vicepresidenta Carmen Calvo a Arrimadas, y la llamada que le habrá hecho Sánchez en privado dan algo que pensar. O que imaginar no vaya a ser que Sánchez esté tramando algo para cuando tenga en su bolsillo los famosos PGE.