La necesaria estabilidad en las grandes empresas 

En el tiempo en el que vivimos los vocablos que se imponen en todos los niveles del debate político, económico y social son: confianza y estabilidad. A ellos se les contraponen: la incertidumbre y el riesgo.

Y ahora que se abre el horizonte de las vacunas contra la pandemia y que los EEUU regresan al ámbito de la moderación y la racionalidad, mejorando nuestro entorno europeo, hora es de que en el tejido empresarial español que tanto ha sufrido en esta crisis se impongan los criterios de buen gobierno y la estabilidad sobre todo en las grandes empresas.

Y decimos esto porque en el pacto presupuestario logrado por el Gobierno del Presidente Pedro Sánchez con el nacionalismo y populismo soberanista  está la semilla del intervencionismo no solo en las instituciones y libertades sino también en el campo empresarial para completar un inmenso aparato de poder.

Atención pues a las grandes empresas españolas porque, garantizada por los nuevos PGE, la estabilidad del Gobierno en la legislatura, podrían ser el oscuro secreto de deseo del poder imperante. El que ha demostrado en los PGE su ciego error de despreciar la ‘productividad’ a sabiendas o sin saber que ella es el verdadero y único motor de la recuperación de la economía y del empleo en nuestro país.

La sabe muy bien el presidente de la Fundación CaixaBank Isidre Fainé, que acaba de liderar brillantemente la fusión con Bankia, porque él sufrió en Cataluña la presión del separatismo catalán durante el fallido golpe de Estado de 2017, y mantuvo firme la mano en el timón y trasladó, sin dudar, la sede social de CaixaBank a Valencia.

Como Fainé sabe que, pasada la avalancha soberanista, existe la tentación invasora ‘populista’ y debe estar atento y vigilante en contra de cualquier intento de desestabilización de la estabilidad empresarial de su entorno financiero, industrial y accionarial.

En Iberdrola los discursos intervencionistas de Podemos no han hecho mella, ni han impedido el avance espectacular de la empresa en España y Europa. Y sobre todo en los EEUU donde las renovables de Iberdrola van a tener una excelente oportunidad con la presidencia de Biden en EEUU y un crecimiento exponencial en el territorio norteamericano. Y los accionistas de Iberdrola recibirán una alta rentabilidad de la Compañía donde, en cuyo entorno todavía merodea algún intrigante en contra de su estabilidad, que para España es fundamental.

Como es fundamental la estabilidad española de Telefónica. La Compañía que su presidente José María Álvarez Pallete (el gestor tecnológico más experto y del mayor prestigio en la UE) modernizó y revolucionó partiendo del negocio de ‘voz’ hacia los modernos campos ‘digital’ y ‘tecnológico’.

Lo que se ha conseguido gracias a sus poderosas redes de fibra -inversión visionaria de Pallete- y permitido el teletrabajo nacional, en los tiempos de confinamiento y la pandemia. Redes que hoy son la base para la gestión de datos y lanzamiento del 5G en España, frente a sus competidores europeos.

De ahí la importancia de la estabilidad de Telefónica que trasciende de España por su notoria presencia en Brasil y Reino Unido, garantizando su capacidad de generación de caja, reducción de deuda, más inversiones y dividendos.

Y ¿qué decir de los esfuerzos denodados y ahora por fin exitosos de Pablo Isla en Inditex en España y en todo el mundo, y la titánica batalla de Marta Álvarez en El Corte Inglés que lideró la estabilidad de la empresa (ahora de regreso al Ebidta positivo) en el campo comercial? Un sector que tanto sufrió por el bloqueo de la movilidad ciudadana lo que la vacuna mejorará.

Y por supuesto mucha atención al campo de los medios de comunicación,   las empresas del sector y a sus respectivos accionistas decisivos porque es en, este territorio, donde más interés tiene puesto el Gobierno y sobre todo su ala populista para preservar su base electoral.

Y que no se equivoque nadie en las cúpulas del poder económico no vaya a ser que, por congraciarse con el Gobierno, algunos se presten a traicionar la estabilidad empresarial en favor del poder populista. Porque la clientela y los accionistas de estas empresas son españolistas y liberales y saben que, si alguien rompe la estabilidad, ellos se pueden cambiar de empresa o entidad financiera con suma facilidad.