La verdad de lo que ocurre y ha pasado en España

Saber lo que pasa en España es algo tan difícil como adivinar el futuro que nos espera y lo que en los próximos meses y años puede ocurrir. Pero para acercarnos con cierta independencia a la realidad española hay que alejarse de los intereses creados y la ideología de los políticos y respectivos aparatos de propaganda para centrarse en los hechos.

Y en esa aproximación a la realidad cotidiana, por cambiante y compleja que parezca, nada mejor que seguir, como lo propone Noam Chomsky en uno de sus últimos ensayos, el consejo del rebelde y radical escritor norteamericano Dwight Macdonald cuando dijo:Qué maravillosa es la capacidad de poder ver lo que se tiene justo delante y tener simplemente la honradez de contarlo tal como es’.

Lo importante es, pues, lo que pasa y no lo que nos gusta o interesa que pase. Y ello nos conduce en España a las dos versiones contradictorias de la realidad que, en sus posiciones extremas van: desde lo que dice Arnaldo Otegi, cuando habla ‘la nueva normalidad’ en la que destaca la alianza de Pedro Sánchez con Podemos, Bildu y ERC (lo que la derecha y ‘el viejo’ PSOE llaman ‘los pactos Frankenstein’); hasta el riesgo de ‘la destrucción de España’ que de manera apocalíptica anuncian Felipe González y José María Aznar.

Lo único cierto de todo ello es que este país ha cambiado por causa de los graves errores, abusos de poder y corrupciones de los dos grandes partidos nacionales de la Transición, PSOE y PP.

Y porque la reglas del juego político de la pretendida ‘idílica’ Transición no eran tan idílicas ni democráticas como parecían. Sino que, bajo su fachada, se esconde un ‘régimen partitocrático’ de poder, hijo menor de la verdadera Democracia, sin separación real de los tres Poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) porque solo están separadas sus funciones.

Y todo ello mientras los gobernantes de turno, del PSOE o del PP, ejercían una promiscuidad escandalosa entre el poder Ejecutivo imperante con el ‘cuarto poder’ de la Prensa y el ‘quinto poder’ Económico. Lo que creaba un poder acumulado casi absoluto que generaba halos de inmunidad en los que crecía la corrupción y el abuso de poder -por donde deambulaba a sus anchas el Rey emérito Juan Carlos I-, y en cuya ‘bacanal’ acabaron entrando  los soberanistas vascos y catalanes cuando Gonzalez en 1993 y Aznar en 1996 carecían de mayorías absolutas y pagaron a Arzalluz y Pujol sus votos de investidura con entregas paulatinas de soberanía nacional española.

De aquellos polvos estos lodos y la entrada en la escena española de los nuevos populismos de Podemos y Vox, que son descendientes directos de los abusos y errores del felipismo y el aznarismo.

Acompasados, unos y otros, en su decadencia por la pérdida del control mediático del viejo bipartidismo tras la llegada de las redes sociales y los medios digitales de Internet. Y por la aparición de los movimientos sociales de: los ‘indignados’ -como el 15-M en Madrid- acaparados por el populismo de la izquierda radical (Podemos); y los nuevos nacionalismos populistas en la ultra derecha (Vox), y sus versiones regionales soberanistas.

Si añadimos a todo ello el impacto brutal de la crisis financiera de 2008 que pagaron los jóvenes y los sectores más débiles de la sociedad, y ahora el terremoto de la pandemia del coronavirus pues ya tenemos al completo ‘el retablo’ y las causas del vigente momento español.

Es verdad que los pactos Frankenstein de Sánchez son legítimos y están amparados por la legalidad. Pero en ellos y en los objetivos y programas de sus socios UP, Bildu y ERC se incluye la semilla de la destrucción de la unidad de España, la ruptura de la convivencia nacional y el desprecio de las instituciones y las más elementales reglas de la democracia, las libertades y el imperio de la Ley. Lo que acortó o medio plazo nos conduce a un desastre nacional.

Pero la respuesta a esos pactos temerarios debe venir de un nuevo y gran acuerdo democrático y constitucional que emane de una refundación, en el PSOE y el PP, de los grandes pactos de la reconciliación nacional, de la convivencia pacífica y del solidario pacto del Bienestar que iluminaron el arranque de la Transición, corrigiendo los errores y desvaríos autocráticos que en estos últimos años han desvirtuado su objetivo fundacional.