Preocupación del Rey y silencio en el PSOE

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Imaginamos la inquietud y la zozobra que en estos momentos imperan en el Palacio de La Zarzuela tras la agresión sufrida por el Jefe del Estado por parte del ministro Alberto Garzón, y hasta este momento amparada por el presidente Pedro Sánchez y jaleada por el vicepresidente Pablo Iglesias.

E imaginamos la creciente inquietud entre los dirigentes más razonables y el desconcertado entorno ‘cultural’ del PSOE -los que no están presentes en el Gobierno ni en la cúpula del partido-, como el presidente de Aragón, Javier Lambán, que de momento ha sido el único en salir en defensa del Rey ante la crisis de Estado abierta por Garzón para la que la inefable vicepresidenta Carmen Calvo pide ‘tranquilidad’ (sic).

Pero lo ocurrido en las últimas horas y días no puede pasar inadvertido tal y como hasta ahora lo ha pretendido, de escandalosa manera el diario, ahora ‘sanchista’, El País. Abandonando el periódico su compromiso democrático y constitucional y el sagrado deber de informar después haber ocultado el nombre del ministro Garzón en titulares de portada y sin el obligado editorial (esperemos que hoy rectifique), del primer diario progresista de España, lo que revela la degradación democrática del verdadero país llamado España.

Entre otras cosas porque el presidente Pedro Sánchez no puede amparar el público ataque al Jefe del Estado del ministro Alberto Garzón, sin que ello tenga consecuencias. Ni puede prohibir al Rey hablar con el Presidente del Poder Judicial, ni seguir ocultando los motivos, sin duda inaceptables, por los que vetó la presencia del Rey Felipe VI en Cataluña para asistir a un acto inocuo y tradicional en la Escuela Judicial catalana.

Y todo ello y, a falta de explicaciones, en presunto beneficio o concesión, de los golpistas catalanes de ERC (a los que pretende indultar) y de los herederos de ETA en Bildu, con los que el presidente está negociando los PGE de 2021, por imposición de la izquierda radical republicana de Pablo Iglesias que actúa como si fuera el verdadero jefe del Gobierno.

Y tampoco puede el Gobierno dinamitar, en 24 horas, los acuerdos que el propio Sánchez simuló pactar con la presidenta Ayuso de Madrid el lunes pasado en la Puerta del Sol, tras cambiar sin explicación alguna (como no explica el veto al Rey) los parámetros (de 1.000 a 500 contagios por cada 100.000 personas), lo que confirma el caos de la política sanitaria española desde el estallido de la crisis a primeros de marzo.

Podemos imaginar que esta colección de despropósitos tiene por objetivo el culpar a otros, el Rey, el PP de Madrid y jueces y fiscales, del desgobierno nacional con un premeditado desvío de la atención de la opinión pública (la especialidad táctica de la Moncloa) ante el fundado temor de estallido social por causa de la galopante ruina económica del país.

Convirtiendo en una impostada batalla ideológica entre izquierda y derecha lo que en realidad es una burda incapacidad para gobernar el país (repasen el currículum de los ministros) que se le va de las manos al autócrata de La Moncloa. El doctor Sánchez Frankenstein (Rubalcaba ‘dixit’) que ahora ya no controla su disparatada ‘criatura’: el Gobierno de la coalición investido por Podemos, PNV, Bildu y ERC.

El que ahora, puesto a prueba y fracasado en la crisis sanitaria, huye hacia no sabe donde intentando conservar el poder mientras España se desliza por una pendiente que nadie, y menos el Gobierno, sabe hacia donde nos lleva y cómo es de profunda la sima en la que va a caer.

Imaginamos la preocupación del Rey Felipe VI y la inquietud entre lo mejor del PSOE, incluidos muchos de sus militantes y votantes, pero no están solos sino muy acompañados por un mayoritario sentimiento nacional que más tarde, o mejor más temprano, va a emerger.