El alto precio de los indultos

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez concederá -está en su derecho- indultos individuales a los condenados y hoy presos por el fallido golpe de Estado catalán del 27-O de 2017.

El presidente Sánchez ha tomado esta decisión, que el Gobierno justifica en pos de la ‘normalidad’ y la convivencia en Cataluña, porque además es una exigencia ‘si en qua non’ de ERC para aprobar los Presupuestos de 2021 y en agradecimiento a este partido por la abstención que facilitó la investidura de Sánchez.

Además esto era parte secreta del pacto de Sánchez con Junqueras para que el líder de ERC pueda ser candidato -si los trámites van muy rápidos- a la presidencia de la Generalitat en los comicios catalanes que posiblemente se celebrarán a primeros de 2021. Y para cumplir el doble objetivo pactado de ‘Sánchez a Moncloa y Junqueras a la Generalitat’, especialmente ahora que el líder de ERC va en las encuestas por delante de Puigdemont.

Un Puigdemont que, como el resto de prófugos del golpe catalán no será indultado porque para serlo primero tenía que ser juzgado y condenado. Y lo mismo les pasa a los prófugos Rovira, Comín y Ponsatí, que comenzarán a evaluar los riesgos de su regreso a España.

No obstante los indultos en cuestión deberán ser aprobados por el Tribunal sentenciador que presidió el magistrado a Manuel Marchena, y una vez que se recaben los informes preceptivos de la Fiscalía (que Dolores Delgado hará a favor), de prisiones y con la opinión de la condenados sobre su eventual arrepentimiento (lo que no parece previsible). Y si el Tribunal aprecia en los indultos condiciones de ‘Justicia, equidad e interés público’, lo que tanto el Gobierno como la Fiscalía deberán acreditar.

Sin embargo ‘la decisión del Tribunal juzgador no es vinculante’ y en el caso de un ‘informe negativo’ el Gobierno, con el correspondiente coste político, podrá conceder los indultos, uno a uno, a los golpistas condenados. Pero no será un ‘indulto total’ sino parcial sobre las penas más duras (de prisión) a las que fueron condenados. Lo que no sabemos si ello les permitirá también añadir la de inhabilitación para poder participar en las elecciones catalanas.

Es cierto que la presencia en la cárcel de los condenados golpistas es hoy día un lastre muy importante para la recuperación de la convivencia catalana, y que su permanencia en la cárcel daña, en algunos países y legislaciones europeas, la imagen de España. Argumento que utiliza el Gobierno para la, también anunciada, reforma de los delitos de ‘rebelión’ y ‘sedición’ en el Código Penal.

Pero los indultos también incluirá a juicio de los golpistas y de sus medios de comunicación y aparato de propaganda una lectura de ‘rectificación por parte del Gobierno de la sentencia condenatoria del Tribunal Supremo’. Lo que sin duda dañará aún más el deteriorado prestigio de la Justicia.

Además están en la memoria reciente de la transición otros notorios indultos como el que Felipe González concedió al jefe del golpe de Estado del 23-F, Alfonso Armada, o los que José María Aznar concedió al ex ministro de Interior José Barrionuevo y al ex secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, por los crímenes del GAL y el más reciente de José Luis R. Zapatero al banquero Alfredo Sáenz.

Ahora bien éstos indultos tendrán un amplio rechazo político y moral entre la gran mayoría de los españoles, sobre todo porque se plantean cuando aún no ha pasado un año desde que se dictó la sentencia y con ellos se perderá la función ‘ejemplarizante y disuasiva’ de la Justicia.

Sobre todo si se rebajan de manera sensible las penas y las condiciones relativas a los delitos de ‘sedición’ y ‘rebelión’. Porque no olvidemos que el jefe del golpe catalán Oriol Junqueras no solo declaró que no se arrepiente del golpe sino que ademas advirtió que lo volvería a intentar.

En todo caso, este es Pedro Sánchez en estado puro: prometió durante la campaña electoral de los comicios de hace 10 meses del 20-N que no concedería los indultos a los golpistas catalanes y que nunca pactaría un Gobierno con Podemos, ERC y Bildu. Y ahí está incumpliendo todas sus promesas y sin decir una sola verdad.