Sánchez confía en su poder y huye de la realidad

Pedro Sánchez confía y cree saber que el poder en España es mucho poder y que a su paso, sea en Bruselas o en la Puerta del Sol de Madrid, las aguas turbulentas de la realidad se abren como las del Mar Rojo ante Moisés.

Cree además Sánchez que tiene ‘baraka’ y que no existe la Oposición (y algo hay de cierto en ello), como cree que la vacuna del Covid-19 llegará a tiempo y que la UE derramará pronto el ‘cuerno de la abundancia’ sobre el asolado suelo español’.

Y está convencido Sánchez de que irradia un inmenso y aterrador poder que hará que unos y otros, políticos, banqueros, empresarios y los medios de comunicación, acudirán como gorriones a comer migas de pan en la palma de su mano.

Pero aunque Sánchez, como dijo Marco Antonio ante el cadáver de Bruto (en el Julio Cesar de Shakespeare), ‘es un hombre honrado’ (sic), también es muy cierto que en el mes de marzo tuvo que decretar el ‘estado de alarma’ en España. Y que en el mes de junio dijo que había derrotado a la pandemia. Pero da la impresión de que, ahora exhaustos y con la economía por los suelos, volvemos a las andadas. Y ‘segundas partes nunca fueron buenas’, dice el refrán.

Tres avisos: la nueva epidemia sanitaria está a punto de estallar como un infarto en el corazón de Madrid y en otras ciudades de España; y esto bloqueará la recuperación económica del país que ya presiente el dinero huyendo de las Bolsas; y aumentará la inestabilidad del Gobierno, que está roto, mientras Iglesias pretende renovar los pactos con Bildu y ERC para aprobar unos PGE de 2021 que son inviables para España y la UE.

Unos pactos imposibles porque ERC exige la reforma el delito de ‘sedición’ para facilitar otro golpe de Estado catalán. Y en la creencia ERC y Podemos, de que los golpistas, ahora en prisión, con dicha reforma (que rebajarían las condenas a 3 años de cárcel) podrán salir de la cárcel para participar en los comicios catalanes de primeros de 2021.

Lo que es un error, o un engaño premeditado de Sánchez a los golpistas, porque éstos también están condenados por los delitos de malversación (6 años de cárcel) y han sido inhabilitados y no podrán ser candidatos en las elecciones catalanas, como lo espera Junqueras.

Por lo que a Sánchez solo les queda la escapatoria y el gran escándalo nacional de los indultos que tendrían que convalidar el Tribunal Supremo y su fiscalía, que se acaba de oponer al ‘tercer grado’ de los presos golpistas y desde donde ayer el fiscal Navajas ha denunciado injerencias políticas.

Y, todo ello, en medio de una creciente gran revuelta nacional por el duro regreso de la pandemia y los destrozos en las familias, las empresas, los empleos y en el conjunto de la economía y la cohesión territorial de país.

Y ¿con qué cara, o desvergüenza política, piensa Sánchez pedir ahora la ayuda del PP, cuando en Moncloa se prepara el nuevo ‘estado de alarma’ para Madrid? Porque la entrevista con Ayuso solo ha sido el primer paso para intervenir la Sanidad madrileña camino de lo que Sánchez llama ‘el otro escenario’.

Y cuando desde el Gobierno Iglesias (para salvar a Podemos en Cataluña) ataca a la Monarquía y anuncia los indultos a los golpistas y la reforma del delito de ‘sedición’ para pactar con los pro etarras de Bildu y pro golpistas de ERC unos PGE de 2021 que no aceptarán los empresarios, los mercados ni la UE.

Y ¿puede Sánchez, con estas asombrosas premisas y mientras Iglesias le deja públicamente en ridículo, desvelando que el presidente le ha pedido perdón, pedir ayuda a la Oposición para suicidarse por salvar al ‘soldado Sánchez’?

En esta trepidante situación política todo cambia a gran velocidad y basta ver lo ocurrido con la vacuna AstraZeneca de Oxford. Pero no hay que ser un lince para saber que España tiene una sola salida: la expulsión de Iglesias y los ministros UP del Gobierno y la articulación urgente de la gran mayoría constitucional con los 220 diputados del PSOE, PP y Cs y con un pacto de estabilidad y gobernanza por dos años hasta 2023. Lo que los ciudadanos aplaudirán y agradecerán.

Todo lo demás es una temeraria pérdida de tiempo que pone en peligro la estabilidad institucional, económica y social del país. Y así lo debería decir Pablo Casado y reconocerlo Pedro Sánchez. Y cuando antes mejor porque el tiempo juega un rol fundamental en esta dramática situación nacional.

Todo lo demás es continuar a bordo de este autobús sin frenos de España que Sánchez conduce a ciegas y sin saber por donde ni hacia dónde va. Aunque parece tener la sensación o la necesidad de esperar un poco más a ver si le suena la flauta y remonta el vuelo una vez más.

Ya lo hizo una vez tras su caída del PSOE en 2016, pero esta vez los hados no parecen estar de su lado ni la solución a su alcance porque el virus y el dinero, por mucho poder que él tenga en España, no se dejan impresionar.