Sánchez persigue a Franco y a Arrimadas

La persecución del fantasma de Franco con la Ley de Memoria Histórica es lo que hizo el presidente Zapatero para camuflar su desastrosa gestión en la crisis financiera de 2008 -que negó-, los recortes sociales en pensiones y en los sueldos de funcionarios, así como la reforma express del artículo 135 de la Constitución sobre el obligado equilibrio del déficit.

Y esa estrategia, que destroza el pacto de la reconciliación nacional de la Transición, es la misma que está practicando el Gobierno de Sánchez en la vigente crisis para intentar conservar el voto de la izquierda ahora que el paro se dispara y se anuncian nuevos ajustes sociales de cara a los PGE.

De ahí viene la exhumación de la momia de Franco del Valle de los Caídos, la expropiación del Pazo de Meiras y el pretendido cierre de la Fundación Francisco Franco. Así como una nueva etapa para desenterrar más tumbas republicanas de la Guerra Civil y el continuo cavar de trincheras ideológicas en pos de recuperar la tensión de ‘las dos Españas’.

Todo esto mientras Sánchez e Iglesias dan alas a los nacionalismos -‘el nacionalismo es la guerra’, dijo ‘Mitterrand- separatista vasco y catalán para revitalizar el ‘pacto Frankenstein’ y pro anticonstitucional de Sánchez con los partidos que apoyaron la moción de censura y luego su investidura.

Los que ahora en Cataluña se pelean entre sí en la precampaña de las elecciones catalanas. Motivo por el que Sánchez persigue a Arrimadas para que Cs les apruebe los PGE de 2021 y les garantice la legislatura en la que Sánchez e Iglesias regresarán a los pactos con ERC, cargados de regalos al soberanismo, como los indultos a los golpistas y una consulta en Cataluña sobre la autodeterminación.

Y ¿esto es lo que pretenden Arrimadas y Cs apoyando los PGE de Sánchez e Iglesias mientras ambos siguen avanzando en pos de destruir los pactos constitucionales de la Transición?

El escándalo de la ‘Operación Kitchen’ tiene un alto coste de reputación para el PP. Pero también tiene un efecto profiláctico porque pone un punto final al PP de los escándalos del tiempo de Rajoy. Y de los que se remontan a las mentiras guerreras de Aznar y sus presuntas responsabilidades en el caso Gürtel, los sobresueldos y la doble contabilidad del PP. Asuntos turbios en los que participaron Álvarez Cascos, Arenas, Lapuerta y Correa.

Digamos que Casado está liderando un nuevo PP sin rémoras, sin la bronca de Cayetana (la capitana de ultra predicadores mediáticos de la derecha) y solo le falta cerrar la madrileña sede nacional del PP de Génova 13 (donde anduvieron haciendo de las suyas, Aguirre, Cospedal y Villarejo) para que el ‘punto y final’ de Casado sea más que cierto y el PP se acerque al centro y recupere la moderación.

En lo que sin duda le ayudan Vox y Abascal -que insisten en presentar ahora la moción de censura a Sánchez- con el discurso de la ultra derecha que es la réplica a la extrema izquierda de Sánchez, Iglesias y sus socios de Bildu y ERC.

Lo que deja expedito un amplio espacio en el centro de la política. El que Arrimadas debe considerar en este momento histórico de la crisis española en el que Cs tiene que optar entre la izquierda radical de Sanchez y el nuevo PP de Casado camino, quizás, de un nuevo ‘Centro Popular’.