El soberanismo catalán en el error y Sánchez jugando con fuego

La encuesta de GAD3 publicada en La Vanguardia sobre las elecciones catalanas anuncia otra victoria del soberanismo catalán (ERC 42 escaños, JxCAT 32 y CUP 4) en un parlamento de 135 diputados.

Lo que constituye un dato preocupante. Aunque por el momento ésta solo sea una proyección demoscópica y falte por analizar el impacto de la crisis del PDeCAT y la entrada en liza electoral del PNC de Marta Pascal y de la posible coalición electoral de Cs y PP.

Un sondeo, en todo caso, inquietante porque revela que la mitad de la población catalana soberanista sigue sin reconocer los graves errores, delitos y disparates que generó, en el otoño de 2017, el fallido golpe de Estado catalán, juzgado y condenado en el Tribunal Supremo.

Un desastre que, además de romper la convivencia en Cataluña, provocó una ola destructiva económica y social (por la fuga de los inversores y de miles de empresas). La que, sumada a los dañinos efectos de la pandemia en este territorio, especialmente en el sector del turismo, amenaza con una masiva destrucción de empleos y un negro futuro catalán en años venideros.

Y, aunque sea una forzada especulación, imaginen lo que habría pasado con la epidemia en una Cataluña independiente fuera de España, sin acceso a la UE ni a los fondos europeos de la recuperación económica.

Pues a pesar de todo esto sorprende que todavía un alto porcentaje de los votantes catalanes (casi el 50 %) sigan empeñados en pos de este ‘suicidio colectivo’ y soberanista catalán.

El que no conduce a ninguna parte salvo a la frustración y a la ruina y la autodestrucción de la sociedad catalana, lejos del tiempo del ‘seny’ (sentido común) y del liderazgo económico de este territorio en España, que ha sido superado ampliamente por la Comunidad de Madrid.

Y todo ello con un tremendo balance, político y judicial, de los primeros líderes nacionalistas catalanes de los últimos años: Pujol, a la espera de juicio con su familia e imputados por ‘organización criminal’; Puigdemont huido de la Justicia e imputado por sedición y malversación; Junqueras condenado y en prisión por sedición y malversación; Mas que acaba de cumplir la pena de inhabilitación y que tiene responsabilidad, por ahora política, en la corrupción del 3 % en sus pasados gobiernos; y Torra que pronto será inhabilitado por desobediencia.

Y ni siquiera esto lo ven los votantes soberanistas catalanes presos de una ceguera patriotera con la que se inventaron una falsa historia de Cataluña y dijeron aquello de ‘España nos roba’ mientras los Pujol y Convergencia se llevaban a espuertas el dinero. O, como han dicho, con una infamia similar, ‘España nos contagia’ cuando la causa del actual desastre sanitario catalán está en la Generalitat de Torra. O como también mintieron cuando afirmaban que la UE los recibiría con los brazos abiertos.

Y todavía pretende el inefable Torra que CaixaBank, después la fusión con Bankia, vuelva a instalar su sede social en Barcelona. Lo que resulta de todo punto impensable, a la vista del pretendido regreso del desafío catalán y del impacto que ello tendría entre entre la mayoritaria clientela españolista del banco. Y probable es que el Banco Sabadell, que está buscando una fusión desesperadamente, también salga de Cataluña para aterrizar en Madrid.

Los ciudadanos soberanistas catalanes, muchos engañados y otros puede que de buena fe, tienen que reaccionar y regresar a la senda de la legalidad y de la convivencia. Y el Gobierno de Pedro Sánchez, en cuyo seno Pablo Iglesias juega a los indultos y la autodeterminación les que exige ERC, debe entender que, si no hacen en frente al regreso del desafío catalán y no se alejan del pacto con ERC para los PGE, se meterán en una temeraria senda que para ellos y España acabará muy mal.