España se instala en la nada y el fatalismo

Desde que estalló en España la crisis sanitaria y económica, el pasado mes de marzo, los problemas del país se mantienen, seis meses después, tal y como estaban o peor. Y el Gobierno de Sánchez no ha conseguido ni ha puesto en marcha ninguna gran iniciativa o un acuerdo nacional, salvo lo de ‘pasar el cazo’ a las puertas del Consejo Europeo de la UE aprovechando los esfuerzos y liderazgo de Merkel y Macron.

España está inmersa en el fatalismo y en la estrategia de que el tiempo lo cura todo, porque el presidente sólo le preocupa su supervivencia política personal, y poco más. Y organiza rondas de consulta en La Moncloa con los líderes políticos de otros partidos para aparentar que hace algo y sabiendo que en esas rondas -como la que inicia con Pablo Casado el próximo día 2 de septiembre- no saldrá nada nuevo, importante, ni inmediato.

Siempre se ha dicho que países como Italia y Bélgica funcionan mejor sin Gobierno que con él. Los belgas están a punto de cumplir dos años sin un gobierno estable y los italianos están meditando la posibilidad de formar un gabinete de ‘unidad nacional, con un súper técnico, Mario Draghi, como su presidente.

En España y desde que Sánchez ganó la moción de censura contra Mariano Rajoy el 1 de junio de 2018 tenemos un Gobierno en minoría de Sánchez, y de coalición minoritaria de PSOE y Podemos desde enero de 2020, pero con los últimos presupuestos de Cristóbal Montoro que se aprobaron en mayo de 2018.

Los que Sánchez ha ido renovando -ya no puede hacerlo más- a pesar de que esas cuentas del Estado no sirven para abordar la crisis económica del país ni para poder recibir las ayudas financieras que la UE ha concedido a España.

El problema añadido que ahora se nos presenta es que están empeorando los datos españoles de la pandemia a gran velocidad, que está en riesgo el arranque del curso escolar y que las perspectivas de los indicadores del PIB, el déficit, la deuda  y el empleo van de mal en peor.

Y que a pesar de todo esto nadie mueve un dedo -en el Gobierno ni en la oposición- y todos seguimos a la espera de acontecimientos nacionales o de un milagro caído del cielo y como si nada tuviera solución. La que es imposible que llegue si nadie hace nada para innovar o para al menos dar una patada al inútil y bloqueado tablero del ajedrez político español.

Los encuentros entre líderes políticos no se pueden convocar sin que antes hayan sido preparados por sus respectivos equipos y se acuda a ellos con la esperanza de anunciar acuerdos importantes para la nación.

Todo lo demás es propaganda de político dialogante en favor de Sánchez, que lleva la cuenta de sus teleconferencias autonómicas como si fueran ascensos a las cumbres del Himalaya, cuando en realidad eran huecas y no han servido para nada.

Todo en La Moncloa es puro humo sin contenidos y escenarios de cartón a los que el Gobierno entromete a una inocente Oposición que se presta a la pantomima, como quien actúa en un guiñol y se acaba llevando un garrotazo de la estrella de la opereta, el presidente Sánchez.

El que cometió el error de regresar a La Moncloa con un indecente moreno de sol playa cuando millones de españoles no han podido veranear y dando fe de lo poco que trabaja en tan grave situación. Pudo Sánchez al menos haberse puesto a la sombra en las playas que visitó, pero eso a él que va de guaperas no le podía gustar.

Además ¿quién le va a rechistar? Y si alguien lo hace sabemos la facilidad que Sánchez tiene para no responder o para no decir la verdad. Y en esto último hay que reconocerle que es un as.