Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

La ‘sociedad civil’ se debe movilizar

aplausos Sánchez

Son millones de españoles los ya han perdido mucho -algunos todo- en esta crisis sanitaria y económica que asola el mundo y que en Europa se cebó en España de especial manera hasta alcanzar récords de muertes, contagios y destrucción de los empleos y las empresas y que, en este fantasmal otoño que se acerca, nos amenaza con ir a más y a peor.

En tan grave situación nacional resulta penoso y alarmante ver a nuestra clase política -políticos sin clase- intentando sacar ventajas del desastre, imponer remedios marcados por la ideología, o por el nacionalismo ciego que tan bien definió el presidente François Mitterrand cuando declaró: ‘el nacionalismo es la guerra’.

Y lo mismo pasa con los populismos extremos de la derecha y la izquierda que utilizan el malestar y la desesperación de la gente para, en el nombre de Dios o del Diablo, buscar espacios de poder con el enfrentamiento entre los españoles.

Todo esto, que suele ser así en tiempos de una cierta normalidad y no solo en España, se agudiza y empeora en estos momentos en los que vamos a abordar la segunda parte del drama de la gran crisis sin que apreciemos en el horizonte una respuesta política y solidaria de generosa y abierta unidad nacional.

Les pide el Presidente Sánchez a los líderes de la Oposición que ‘arrimen el hombro’ a su proyecto político y a su mayor gloria. Es él quien debería de arrimarse a la oposición. Y, en vez de tantas teleconferencias con los líderes europeos y autonómicos y darse una importancia que no tiene, es Sánchez  quien debería, con las manos tendidas, acercarse a los demás, haciendo sitio a todo el mundo y buscando acuerdos sin ideología y con humanidad.

¿Cuántos hospitales y empresas en ruina ha visitado Pedro Sánchez y que y cuantas residencias de ancianos ha visitado su vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias?

Y preguntas similares pueden hacerse también a políticos de la Oposición. ¿Cuántas explotaciones agrícolas que necesitan la mano de obra extranjera, de personas que viven hacinadas y en condiciones infrahumanas visitaron Pablo Casado o Santiago Abascal, el tanto que desprecia, desde su falso cristianismo, a la inmigración.

Si estuviéramos en vísperas de unas elecciones generales es muy probable que el triunfador absoluto de esos comicios sería el partido de la abstención, en justa respuesta a una clase política que parece no saber lo que ocurre en España y lo que está por llegar.

Y si imposible resulta imaginar en estos momento un gobierno de unidad nacional, como el que necesita España, a lo mejor no estaría nada mal un gran consenso sobre los Presupuestos del Estado, el paro, la recuperación de las empresas, el regreso a las aulas y la sanidad.

Los españoles tenemos que seguir y salir adelante con o sin la clase política que nos gobierna o nos quiere gobernar. Y hacen falta que líderes sociales y medios de comunicación eleven el discurso de la unidad con igual respeto y solemnidad con los que se celebró el funeral de Estado por las víctimas de la epidemia.

Este país y su clase política no pueden seguir así porque en la batalla de la política, en este tiempo, no puede haber vencedores y vencidos, porque los verdaderos vencidos son los ciudadanos de a pie que han perdido todo y a los que en este otoño se pueden sumar algunos millones más.

Tenemos que hacer algo nuevo y distinto a lo que hemos vivido meses atrás. La iniciativa les corresponde a los políticos pero la Sociedad Civil también se debería de movilizar.

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