¿Quiere Pablo Casado un PSOE republicano?

Mientras en el PP su secretario general Teodoro García Egea y la portavoz en el Congreso de los Diputados se disputan la primogenitura de una pobre herencia política y en los más selectivos ámbitos de la derecha económica se ha instalado la convicción de la debilidad del liderazgo de Pablo Casado, en España seguimos a la espera de un gran acuerdo nacional que nos abra un horizonte de esperanza frente a los oscuros nubarrones del otoño.

La gran tormenta política, económica e institucional en la que Casado tiene puestas todas sus esperanzas para hundir a Pedro Sanchez, sobre la base del hundimiento general de España, lo que constituye la macabra ambición de un político que, como el perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Y cuyo relato del desventurado momento español -en el que el PP oculta la crisis de la monarquía, como si los problemas de Podemos fueran mayores- es tan catastrófico que acaba dándole la razón a Santiago Abascal. El que desde Vox ha anunciado la presentación de una moción de censura que en buena lógica debía de haber presentado el PP aunque solo sea testimonial.

Creen en el PP, y a lo peor aciertan, que a partir del mes de septiembre las oleadas del paro y de la revuelta social van a dinamitar el Gobierno de la débil coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Al que consideran tocado por sus divergencias internas programáticas y presupuestarias, y también por los presuntos problemas que UP empieza a tener con la Justicia.

Pero que en nada son comparables con los problemas del ‘desaparecido’ don Juan Carlos. Los que conducen a la reflexión de que, si en España se desata una revuelta social, las consecuencias no se van a limitar a la caída del Gobierno y a unas elecciones anticipadas como las que parece anhelar Casado de manera tan temeraria como precipitada, porque no está el país para unos terceros comicios generales en menos de un año.

Si España, como cree y espera el PP, entra en una revuelta social no solo será el Gobierno de Sánchez el que sufra sus consecuencias sino que será todo el país el que entrará en situación de un Estado en quiebra y fallido, y sin la estabilidad política necesaria para poder recibir los fondos de la UE.

Además, si la revuelta de los nuevos indignados, por las crisis sanitaria y económica, inunda las calles del país, todos aquellos políticos y juristas que aseguran que la crisis de don Juan Carlos solo afecta a las personas y no las instituciones se van a equivocar completamente. Como se equivocan los que piensan que La Corona solo se puede derrocar en favor de la Republica con una reforma pactada de la Constitución.

Porque el clamor de las masas y, en el caso de caída del Gobierno, jaleado, por un PSOE alejado del pacto constitucional puede acabar con todo ahí incluida la monarquía parlamentaria con la celebración de un referéndum consultivo que Sánchez e Iglesias en cualquier momento pueden convocar.

Y ¿a todo esto y con todo esto juega el infantil líder del PP y de la oposición Pablo Casado? ¿Acaso quiere el líder del PP que el PSOE rompa su pacto constitucional y levante la bandera tricolor? Si España está tan mal como Casado pregona solo tiene dos opciones: la de pactar con Vox la moción de censura a Sanchez ante la opinión pública; o la de ofrecer a Sánchez y a los españoles un acuerdo de unidad nacional.

Pero lo que no puede hacer Casado es solo criticar y nada más. Porque la vigente crisis española, de presente y de futuro, no puede esperar. Aunque da la impresión que al miope Casado lo único que le interesa es el deterioro y el desgaste de este Gobierno (y de España) convencido que todo ello le ofrecerá una oportunidad.