Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Felipe VI y Alfonsín actuaron con acierto y con mesura

felipe Vi alfonsin

En este tiempo convulso en la vida sanitaria y económica del país estamos asistiendo en los medios de comunicación a una batalla encarnizada entre los conservadores y progresistas en la que, a igual que ocurre en la política, lo importante no es la verdad sino lo que más conviene a una y la otra parte según el posicionamiento ideológico respectivo y al margen de la realidad.

Es en esta tesitura, de ‘en río revuelto y ganancia de pescadores’, en la que hemos encontrado en ciertos medios conservadores sorprendentes críticas a la actuación del Rey Felipe VI y el jefe de la Casa Real Jaime Alfonsín, en relación con las decisiones adoptadas por el propio Rey Juan Carlos I (a quien nadie ha obligado a nada), que fueron consensuadas con su hijo don Felipe tras conocerse la fortuna opaca que don Juan Carlos tenía en Suiza.

Lo que ha derivado en una seria crisis de opinión pública, social, política y a la vez institucional, que sin duda ha dañado el prestigio de España y también de La Corona en un tiempo difícil para los ciudadanos españoles que ven en todo ello la flagrante ausencia de la obligada ejemplaridad del Rey emérito.

El que, para empezar, el el único responsable de todo lo ocurrido y del daño causado a España y La Corona con sus actuaciones presuntamente ilegales o irregulares de las que existen pruebas documentales y están sometidas a una investigación fiscal en España y Suiza.

Nadie pues, ni el Rey Felipe VI, ni el Presidente Pedro Sánchez ni el jefe de la Casa Real Jaime Alfonsín han obligado a don Juan Carlos a abandonar el palacio de la Zarzuela y a marcharse de España (ningún español puede ser expulsado de su país). Sino que las decisiones adoptadas lo han sido, a la vista de los graves acontecimientos, consensuadas entre don Felipe y don Juan Carlos y en última instancia decididas por el Rey Emérito.

Otra cosa es que, tanto el Rey Felipe VI como el Presidente Sánchez, hayan coincidido en la necesidad de alejar la institución monárquica de los focos del escándalo mediático y social de don Juan Carlos, y que ello así lo haya entendido el Rey emérito. Pero nadie -como algunos desde la derecha han dicho y escrito- ha echado de La Zarzuela ni de España a don Juan Carlos.

Ni hubo precipitación en las decisiones pactadas, aunque don Juan Carlos no esté imputado, porque en una democracia las pruebas que se tienen de la fortuna opaca del Rey emérito son suficientes para la apertura de un gran debate político y mediático que afecta a la estabilidad del país y de sus instituciones empezando por La Corona.

Sobre todo porque don Juan Carlos además de miembro de la Familia Real, y Rey Emérito con tratamiento de Majestad (por un Decreto Real), es hoy el tercero en la línea de sucesión al trono y en la eventualidad de una regencia.

Una posición institucional a la que don Juan Carlos podría renunciar, o que incluso pudiera reformarse por una Ley Orgánica, si prosperase la actuación de la Justicia sobre los presuntos delitos del Rey emérito que en este caso se podrían limitar a una responsabilidad fiscal, en los años posteriores a su abdicación el 14 de junio de 2014.

Y que se cuiden y mucho los ‘juancarlistas, que se rasgan las vestiduras y hablan y actúan de temeraria manera, no vaya a ser que la Justicia confirme la ilegalidad de las actuaciones del Rey emérito. Y no vaya a ser, también, que una vez abierta esta ‘veda’ informativa y judicial aparezcan más fortunas opacas del Emerito en paraísos fiscales, lo que nadie debería de descartar, y al margen de los 65 millones de € aparecidos en el entorno de la intrigante Corinna, la ex amiga de don Juan Carlos.

O sea, tengamos la fiesta en paz porque bastante tenemos en España con los rebrotes de la crisis sanitaria y el hundimiento de la economía nacional y del empleo, como para abrir ahora una crisis coronada e institucional.

Y si decimos que don Felipe VI y Jaime Alfonsín han actuado en todo ello con acierto y con prudencia, también podemos extender esta valoración al Presidente Sánchez. El que por otra parte ha tenido que soportar una dura embestida oportunista y republicana de su compañero de coalición Pablo Iglesias, el que ahora tiene a su partido imputado.

Al Presidente Sánchez se le pueden imputar muchas mentiras y muchos y graves errores políticos -como la gestión de la crisis sanitaria o sus pactos con el populismo y el soberanismo catalán- pero en la crisis de don Juan Carlos y en las negociaciones de los fondos europeos para España Pedro Sánchez estuvo acertado y esa es la verdad.

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