Silencio, los políticos están de vacaciones

Parece que en estos días centrales del mes de agosto, y mientras el Rey emérito don Juan Carlos convertido en ‘serpiente informativa’ del verano’ sigue jugando al escondite, la vida política de este país, sumido en crisis múltiple, se ha parado como un viejo reloj a pesar incluso de que, en las malas circunstancias actuales de España, ‘el tiempo es oro’.

Nada pues se mueve y como dice el tango ‘el músculo duerme, la ambición descansa’. Pero mientras tanto siguen muriendo españoles por el Covid-19, no cesan de crecer los contagios, la industria turística y del ocio se hunden y las perspectivas económicas y sociales de otoño no cesan de empeorar.

Y para colmo lo único que se escucha de vez en cuando son los golpes que se propinan los ministros del PSOE y de Podemos en el seno del Gobierno. El último del ministro Garzón al propio Sánchez desmintiendo su afirmación sobre Juan Carlos cuando el presidente dijo: ‘no se juzga a las instituciones sino a las personas’.

Para Garzón la culpa de todo la tiene La Corona. De la que de imprudente manera quiere convertirse en paladín Pablo Casado en el solo nombre de la derecha española, lo que tampoco parece que vaya a ayudar mucho al Rey Felipe VI que tiene la obligación de estar por encima de la lucha partidaria.

Y todo ello en un tiempo en el que, salvo la tan aplaudida por el Gobierno noticia de las ayudas de la UE a España, casi todas las informaciones que emiten los servicios informativos de las cadenas generalistas de televisión son malas o muy malas. Lo que convierte los telediarios en una crónicas de inagotables y desagradables sucesos.

Y todo ello sin que en el horizonte estival y ruinoso para el turismo y el ocio se aprecie un tiempo nuevo de estabilidad y entendimiento entre dirigentes políticos nacionales, como cabría esperar ante le pésima situación nacional.

Podríamos pensar que los gobernantes y dirigentes políticos de una y otra orilla del ‘Río Bravo’ español estén preparando, en este tiempo de descanso y reflexión para al regreso de sus vacaciones, nuevos acuerdos y soluciones que de momento no se ven por ninguna parte. Pero esa es, por ahora, una mera e ilusoria especulación porque no hay indicios positivos que permitan esperar un impulso de sentido común, responsabilidad y patriotismo.

Más bien al contrario los últimos movimientos habidos en el tablero del más que confuso y tenso ajedrez español marcan un rumbo más cercano a la colisión que al necesario y esperado reencuentro entre quienes conducen las fichas blancas y negras del tablero. Y todo ello a pesar de que en los discursos oficiales de unos y otros se repite una y otra vez que la unidad y la valentía de los españoles nos permitirá salir airosos de las duras pruebas a las que nos enfrentamos.

Lo que no deja de ser una arenga que se la lleva el viento. Máxime cuando desde el Gobierno, lejos de construir puentes hacia el futuro, algunos están destruyendo de manera irresponsable los pilares de la Transición.