Se acabaron los indultos al golpismo catalán

Después de presionar al Rey Felipe VI, para que su padre don Juan Carlos abandonara España, Pedro Sánchez no pude conceder los indultos a los golpistas catalanes presos y condenados por sedición y malversación.

Y si lo hace Sánchez habría tratado a don Juan Carlos como un ‘presunto delincuente’ y a los jefes de la ‘organización criminal’ -así la llamó el Tribunal Supremo- del golpismo catalán (ahora condenados y presos por sedición y malversación) con Oriol Junqueras a la cabeza, Sánchez los habría tratado, si los indulta, como víctimas de una perversa y arbitraria Justicia española.

Y, aunque sabemos que Sánchez es capaz de todo con tal de seguir en el poder, en este caso no puede llegar a tanto aunque necesite los votos de ERC para los Presupuestos de 2021 y pagar a Junqueras el apoyo que dio a su investidura. Como necesita Sánchez -salvo que opte por Cs- a ERC para la estabilidad de su Gobierno ‘de izquierdas’.

No puede haber indultos porque semejante atropello habría dinamitado la Justicia (empezando por el prestigio del Tribunal Supremo) y, también, el orden constitucional dando, al mismo tiempo, argumentos y unas enormes alas al independentismo catalán.

En medio de la tremenda pesadilla que está viviendo este país y con ayuda de los medios conservadores de información y sus falsas ‘exclusivas’ (los regalos envenenados de Villarejo) el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha encontrado en don Juan Carlos, la oportunidad de desviar la atención de la ciudadanía indignada, exigiendo el ‘destierro’ del Rey emérito fuera de España a pesar que ninguna acción judicial pesa sobre él.

Sánchez e Iglesias, ambos implicados en la operación repartiéndose entre ellos los papeles del ‘magnánimo’ y el ‘liquidador’, han ganado unos días y puede que unas semanas. Pero saben que tienen sobre sus cabezas y las del resto de españoles un tsunami destructivo y demoledor en los ámbitos de la sanidad, la economía y el empleo que estallará a la vuelta del verano.

Y al que solo se puede hacer frente -todo lo demás son gestos inútiles y ya inviables- con la formación de un Gobierno de ‘unidad nacional’ que ofrezca estabilidad y con unas instituciones fuertes para liderar la batalla del otoño.

Pero el ataque a la monarquía constitucional y parlamentaria que Sánchez (por más que disimule diciendo lo contrario para no espantar a Cs) e Iglesias han puesto en marcha, han abierto un nuevo frente de inestabilidad de La Corona. En la UE, cancillerías de las primeras democracias de Occidente y en los mercados internacionales se está siguiendo con el máximo interés y la mayor preocupación.

Los estrategas y publicistas de La Moncloa no analizaron bien el alcance y daños ‘colaterales’ que a Sánchez y a su Gobierno les iba acarrear el ataque a don Juan Carlos. Empezando por su relación con ERC (donde Junqueras espera el indulto para ser candidato a la Generalitat en el otoño) y siguiendo por la imagen de España institucionalmente desestabilizada, la que Sánchez ha pretendido amortiguar con impostadas y empalagosas declaraciones en la defensa (sic) de la monarquía constitucional.

Y que se cuiden y mucho Inés Arrimadas y Cs con los pasos que van dando de acercamiento a Sánchez e Iglesias (que son la misma cosa), no vaya a ser que Cs se convierta en la palanca útil -de usar y tirar- de la pretendida crisis institucional del país hacia la que vamos avanzando con paso firme sin que Sánchez advierta la magnitud del deterioro y busque la única de las salidas viable: el Gobierno de unidad nacional.