‘La marcha real’ de don Juan Carlos

La decisión del Rey Juan Carlos I de trasladar su residencia fuera de España es una decisión acertada y exclusiva de don Juan Carlos, porque nadie le  puede pedir, y menos aún exigir, al monarca ni a cualquier otro español que se vaya de España, su país.

La decisión, como reconoce don Juan Carlos -quién ya se ha marchado de España-, la ha tomado el Rey emérito como consecuencia del impacto que en la sociedad española han tenido las noticias sobre su fortuna oculta que está siendo investigada por varios fiscales de Suiza y España por indicios de presuntos delito (en el caso español de fraude fiscal) en los años posteriores a su abdicación el 14 de junio de 2014.

Puede que esta decisión, que buscaba el Gobierno de Pedro Sánchez, haya sido consensuada entre don Juan Carlos y su hijo el Rey Felipe VI en favor de los intereses de España y de La Corona en un tiempo difícil de grandes problemas económicos y sociales de España.

Un tiempo en el que todas las informaciones sobre la corrupción política e institucional tienen especial relevancia en el seno de la sociedad indignada y asustada por la gran crisis sanitaria y económica que nos invade.

Para el Rey Felipe VI esta decisión de su padre -que mantiene el título de Rey emérito y de miembro de la Familia Real- es, sin duda, apropiada (y se la ha agradecido) y a la vez dolorosa aunque necesaria para salvaguardar la institución monárquica y la estabilidad institucional del país en medio de las turbulencias que hoy día inundan la vida de los españoles.

Y está bien que el presidente Sánchez y las fuerzas políticas mayoritarias del país hayan acogido con respeto la decisión de don Juan Carlos.

Pero resulta impresentable la actitud del vicepresidente Pablo Iglesias que la calificó como ‘huida indigna’ la marcha de don Juan Carlos (cuyo abogado Javier Sánchez Junco ha declarado que don Juan Carlos sigue a disposición de la fiscalía), violando la ‘lealtad en las cuestiones de Estado’ que Iglesias prometió para acceder al Gobierno.

Esta actitud de Iglesias -que ayer volvió a atacar a Sánchez por reunirse la vicepresidenta Carmen Calvo con Cs en ausencia de ministros de Podemos- y los problemas que su partido está planteando para buscar -con ayuda de los golpistas catalanes- unos Presupuestos para 2021 de izquierda radical que no serían aceptados por la UE tienen que obligar a Sánchez a una profunda reflexión.

Y también al líder de la Oposición Pablo Casado porque está cada vez más claro que este país necesita un Gobierno de unidad nacional democrática y constitucional, en cuya base parlamentaria no caben Podemos, ni tampoco el soberanismo vasco y catalán. Y si ‘la marcha real’ de don Juan Carlos da paso a dicha coalición ello será una buena noticia para el bienestar nacional.