Sánchez debe controlar a su Varoufakis

El presidente Sánchez conoce el desafío que tiene por delante y a la vuelta de la esquina del verano y su poderoso alcance que lo acerca al síndrome de José Luís Rodríguez Zapatero. El que sucumbió tras la crisis financiera de 2008 por su respuesta tardía (estuvo dos años negando la crisis), sus dudas y por su falta de audacia frente a la embestida del problema económico y social de aquel tiempo que, sin duda, fue inferior al reto que ahora le espera a Sánchez.

También tiene Pedro Sánchez en la Grecia de Alexis Tsipras otro modelo a estudiar antes de escoger, en esta encrucijada, el camino ideal para afrontar la tormenta. Y lo que no podrá hacer Sánchez es cambiar de modelo y de aliados según se van produciendo los acontecimientos porque ya no queda tiempo para ello ni existe bola de cristal capaz de anunciarnos lo que se nos viene encima y puede pasar.

Y el caso de Tsipras, como el de Zapatero, ya sabemos cómo terminó. Y las drásticas rectificaciones y reformas que ambos tuvieron que decidir a contra pie de sus compromisos ideológicos y programáticos para conseguir vadear la tormenta con las ayudas financieras de la UE y evitar la quiebra de los dos países y la salida de Grecia y España del euro.

Una salida del euro que defendió el ministro heleno de Economía, Yanis Varoufakis, enfrentándose a ‘los hombres de negro’ de la UE. Lo que acabó costándole su salida del Gobierno de Atenas, para terminar enfrentándose a su amigo Tsipras con un nuevo partido político que fracasó.

Sánchez sabe que tiene en Pablo Iglesias a su particular Varoufakis en el seno del Gobierno aunque con una diferencia esencial: Varoufakis sí creía y cree en una izquierda radical viable en Europa, mientras que Iglesias solo cree en el disfrute personal del poder.

Pero el problema de Sánchez, y sobre todo de Iglesias, reside en ver cómo pueden ambos girar hacia la senda del centro liberal que marcan las señales que los ‘hombres de gris’ de la UE van poniendo en nuestro camino, sin que se vea demasiado el vuelco ideológico y programático que pueden camuflar -algo de eso ya están haciendo- con el discurso de que los Presupuestos de 2021 son ‘de emergencia’ y que pronto se podrá regresar a la vieja senda de la izquierda social.

En realidad Sánchez tiene tres opciones: la gran coalición de PSOE y PP, que Pablo Casado (presionado por José María Aznar) no quiere; el centro izquierda de PSOE, UP, Cs y PNV (ya ensayado durante los estados de alarma); y el modelo de la investidura y por la izquierda radical y soberanista con PSOE, UP, ERC, Bildu y ya veríamos si con el PNV.

Y está claro que está última opción es la que prefiere a Iglesias aunque sabe que no sería viable económica y financieramente hablando. Y que tampoco sería aceptable por ‘los hombres de gris’ y las instituciones y los principales gobiernos (de Francia y Alemania) de la UE.

De manera que o Sanchez controla a su Varoufakis particular, camino de la segunda opción del centro izquierda, o Iglesias se tendrá que marchar del Gobierno, lo que abriría la caja de Pandora del adelanto electoral.

Y desde luego no parece que en las actuales circunstancias económicas y sanitarias sea el momento propicio para una gran batalla electoral.