Sánchez patina en Europa y Casado salva su alma

Rumbo al Cabo de Hornos, del otoño ruinoso y caliente que nos espera, navega el viejo galeón español al que este Gobierno del ‘camarote de los hermanos Marx’, según Felipe González, le quiere quitar La Corona de su mascarón de proa. La misma enseña de los Reyes Católicos con la que las tres carabelas de Cristóbal Colón -cuyas estatuas están derribando en USA- descubrieron y empezaron la conquista de América.

Lo de atacar al rey Felipe VI, desde el interior del Gobierno de España, es otro golpe de ‘astucia’ con el que Pedro Sánchez pretende enviar a la UE señales de ‘estabilidad’ política a ver si las naciones frugales de Europa, con Holanda a la cabeza, deciden regalar al Gobierno social-comunista español 73.000 millones de euros subsidiarios, a fondo perdido, gratis total y sin condiciones ni hombres de negro que controlen las cuentas de este país.

Y para preparar esa cita crucial del Consejo Europeo del sábado, Sánchez ha viajado temerariamente a La Haya, Estocolmo y Berlín sin una previa preparación diplomática lo que ha sido contraproducente, porque tanto el holandés Rutte como el sueco Lofven le han dicho a Sánchez que ‘no’, y Merkel que las uvas están muy verdes y habrá que esperar.

Le pasó lo mismo a Sánchez con el batacazo de su vicepresidenta Nadia Calviño en la puja por la Presidencia del Eurogrupo. Pedro le dijo a Nadia: tu súbete al trampolín y salta porque yo llenaré la piscina de una mullida agua. Y Nadia saltó sobre el pilón seco y se estrelló.

Y ahora los dos van de excursión al Consejo Europeo mientras los analistas y mercados internacionales empiezan a ver España en números rojos con un déficit de espanto y la deuda desbocada, cuando el turismo sigue sin venir, los ERTEs se acabarán y las cifras del paro cabalgan desbocadas hacia los seis millones de españoles sin trabajo.

Ajenos a todo esto Pedro y Pablo se divierten en La Moncloa hablando del teléfono de Dina y de las andanzas financieras y opacas del Rey emérito Juan Carlos I al que los dos monclovitas quieren que su hijo, el rey Felipe VI, lo expulse del palacio de La Zarzuela como a Adán del Paraíso por comerse una manzana y que le quite el título de Rey Emérito, lo que de todo punto imposible porque, con título o sin él, esa es y será su condición en lo que le queda de vida.

Y ojalá que los rebrotes de la pandemia que se están subiendo en España no pasen de ahí, porque solo eso nos faltaba para la tormenta perfecta del otoño negro que se acerca, mientras en el puesto de mando del galeón los amos del Gobierno ni se entienden ni gobiernan y brindan como piratas por el eterno disfrute del tesoro del poder, sin dar un palo al agua y convencidos que el ‘aura’ del Gobierno todo lo puede y cura cual bálsamo de Fierabrás.

Pero está pesadilla no se acaba ahí, porque en la otra orilla del Río Bravo español están acampadas las huestes del PP de Pablo Casado. El que ayer, despreciando el gran triunfo de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, dijo que el PP ‘no necesita moderarse porque es un partido moderado’ (sic).

Y esto decía Pablo Casado mientras que, imaginamos, retenía en el sótano oscuro de Génova 13 atada y amordazada -como al insufrible trovador de Asterix- a la bronquista Cayetana Álvarez de Toledo que es la imagen viva de la moderación del PP.

Cualidad está de la moderación sobre la que el maestro José María Aznar -otro gran moderado- da cursos de verano en FAES a futuros gobernantes de España y a otros aprendices del uso y disfrute del poder llegados a FAES desde los más ‘lejanos desiertos y remotas montañas’ del mundo mundial.

Sobre el batacazo de Iturgaiz (la maldición de Alfonso Alonso) Casado dijo que prefiere perder votos pero no perder su alma. O sea que él no es como el doctor Fausto que vendió su alma al diablo y prefiere quedarse toda la vida en la oposición, hasta que llegue a Génova 13 a caballo el verdadero moderado Feijóo.

El Gobierno y la Oposición van ‘a juego’. Y a los españoles hoy huérfanos y desamparados de toda cohesión y responsabilidad política, solo nos queda rezar para superar las plagas que, como en tiempos de Moisés y Ramsés II, nos están destrozando, mientras nuestros políticos se van de vacaciones a descansar de sus ‘denodados’ esfuerzos para levitar.

Eso sí, a la vuelta del verano la indignación y la furia española estallarán en las calles y plazas de todas las ciudades, con o sin mascarilla, y entonces el Gobierno y la Oposición empezarán a entender que esto ya no es esto, que no puede seguir así y que algo urgente y responsable habrá que hacer.

Como ¿qué? Pues echando Sánchez a Iglesias y su tropa del Gobierno de España y pactando con Casado un acuerdo económico y constitucional por dos años para celebrar elecciones a primeros de 2023. Unos comicios que según Tezanos (CIS) ganará el PSOE y que según Michavila (GAD3) ganará el PP.