Lo que el virus se llevó

El Banco de España y el INE han reconocido el duro impacto económico y social que en España ha causado la pandemia del Covid-19, y anuncian una caída del PIB en el primer trimestre del año del -5,2 %. Y una previsión para el segundo trimestre del -20 %, lo que ofrecerá a final de año una pérdida del -12,8 % del PIB, según cálculos del FMI, y siempre y cuando se confirme el inicio de la recuperación en el segundo semestre de este maldito 2020.

De lo que no hablan el BdE ni el INE es de lo que el virus se llevó y ya nunca volverá. Y esas pérdidas son enormes e insustituibles porque en España han muerto cerca de 50.000 personas por causa del Covid-19, han desaparecido miles de empresas y se van a destruir, de aquí a finales de año, millones de empleos y millones de familias están o van a estar en la precariedad.

Y nada o solo una parte no importante de todo esto lo vamos a recuperar. Y todavía debe pasar algún tiempo antes de que recuperemos el turismo tal y como estaba, las exportaciones y el comercio, la hostelería y la restauración.

Y naturalmente todo ello siempre y cuando no rebrote una segunda oleada del virus, al que esperamos que las vacunas en ciernes van a derrotar en el otoño de una manera definitiva y global. Amén.

En estas circunstancias el Gobierno de España tiene un margen pequeño de actuación, por más que insista en la prioridad social de su programa porque entre los límites que nos marca la UE (pare recibir los subsidios y créditos) y las normas que imponen los mercados, empezando por el interno y ‘único’ de la UE, y las necesidades de las empresas y los autónomos para mantener el empleo y crear nuevos puestos de trabajo poco puede hacer el presidente Sánchez y su Gobierno de coalición.

Salvo subir algunos impuestos (del IVA y productos especiales), recortar el gasto público -en el país con más políticos de Europa- y cuidarse de no disparar el déficit y la deuda. Porque la zona euro y la esperanza de recibir 140.000 millones de la UE obliga a una contención del gasto y a ofrecer a las instituciones europeas y a los inversores internacionales y los nacionales un programa económico y social moderado y un marco de estabilidad política y social.

De manera, y eso lo sabe muy bien la vicepresidenta Nadia Calviño, estamos ante las que se dicen ‘habas contadas’ o ‘con estos bueyes hay que arar’, lo que deja muy escaso margen para las opciones ideológicas o políticas de los distintos grupos parlamentarios, aunque sabido es que la batalla central estará a nivel nacional en los impuestos y la reforma laboral, y en el plano de las autonomías en el reparto de los fondos que a España se ofrecerán desde la UE. Pero poco más.

Entonces ¿a qué esperamos para empezar a definir y negociar los PGE de 2021? Pues según el Gobierno a que Europa apruebe sus fondos para la recuperación de la UE, y a partir de ahí vendrá todo lo demás relativo a los Presupuestos y, por supuesto, al presente y futuro de las Pensiones y de la Seguridad Social. Y a ser posible todo ello con espíritu ecológico y digital.