Marta Pascal, la esperanza catalanista

El nuevo ‘Partido Nacionalista Catalán’ que lidera a Marta Pascal como alternativa a Carles Puigdemont, al radicalismo independentista de Quim Torra y a todos los que se arremolinan en torno al PDeCAT, JxCAT y Crida, puede provocar un auténtico terremoto entre las antiguas bases de CiU y CDC.

Y entre los dirigentes del resto de los naufragios de Jordi Pujol y Artur Mas, marcados ambos por la corrupción de la familia Pujol y y la del 3 % de los Gobiernos de Artur Mas, ahí especialmente incluido el caso del Palau.

También antiguos dirigentes y militantes de Unió -de José Antonio Durán i Lleida- y ahora llamados ‘Units’ podrían sumarse al proyecto político de Pascal, que prioriza el reencuentro y la unidad entre catalanes y recuperar las relaciones con el resto de España con ‘lealtad y respeto a la legalidad’.

Lo que ha desatado airados comentarios de Torra y Puigdemont y lo que prueba que ven en Pascal a un importante adversario en el interior de su propio espacio nacionalista. Un término este de ‘nacionalista’ que Pascal por primera vez ha incorporado en el nombre de un partido catalán.

Y todo ello sin que el nuevo partido PNC renuncie a sus objetivos de una independencia, pero siempre a través de la legalidad. En línea con el modelo del Partido Nacionalista de Escocía (SNP) y del PNV en el País Vasco desde donde el lehendakari Íñigo Urkullu ha dado su pleno apoyo a la iniciativa de Marta Pascal.

Fueron Pujol y Mas, y ambos dos huyendo de la caza de sus corrupciones respectivas, los que abrieron el temerario camino de la declaración de la independencia de Cataluña de manera unilateral. Un disparate por el que pugnaron Junqueras y Puigdemont sin imaginar que en España (y en la UE) ello era imposible y que ambos dos y sus más estrechos cómplices iban a acabar muy mal, como así ha ocurrido.

Pero ahora y, después de más dos años de espantada de Puigdemont y el desconcierto de su clan, es Marta Pascal quien recupera la bandera del catalanismo, en un tiempo en el que, a la grave ruptura de la convivencia en Cataluña, se le añaden los destrozos de la crisis sanitaria y también un doble desastre económico: el que generó el golpe de Estado fallido de Junqueras y Puigdemont; y el que se desprende de la vigente crisis económica que en Cataluña tendrá efectos demoledores por la ausencia de estabilidad política y social.