A Ia ‘España 2050’ de I. Redondo le falta la ‘Reforma Democrática’

Cuando una vez le reprocharon a Adolfo Suárez su pasado franquista, el que fue el principal artífice de la Transición española, respondió: ‘lo importante no es de dónde venimos, sino hacia dónde vamos’.

Quizás esta frase le interese a Pedro Sánchez para reconducir su imagen y trayectoria en pos de superar algún día el ‘pecado original’ de su ascenso al poder con el ‘pacto Frankenstein’ de la moción de censura (01/ 06/ 2018) contra Mariano Rajoy, en compañía de ‘los cinco magníficos’: Pablo Iglesias, Andoni Ortuzar, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Arnaldo Otegui.

Dicho esto podemos añadir que Pedro Sánchez puede pasar a la Historia de España como:

-Un mal Presidente del Gobierno que provocó una crisis constitucional y que, tras la senda de José Luís Rodríguez Zapatero, enterró la Transición y la Reconciliación nacional, dejando tras de sí, por la crisis del Covid-19 y las tensiones territoriales, un país fracturado y en ruina económica y social.

-O como un ‘estadista’ que, tras sobrevivir al golpe interno que sufrió en el Comité Federal del PSOE (01/ 09/ 2016) y ganar las elecciones (28-A y 10-N, 2019), superó con éxito la gran crisis española de la pandemia del Covid-19 y su demoledor impacto económico y social. Y modernizó y reformó el pacto constitucional y democrático de la Transición, logrando por añadidura ‘la paz territorial’.

En su deseo de conjurar el ‘maleficio Frankenstein’ de la moción de censura, luego ampliado en el Gobierno de Coalición PSOE-PP (13/ I/ 2020), Sánchez dio un paso importante al romper el ‘frente de firmeza’ del centro-derecha con el acercamiento de Cs al Gobierno de Coalición. Lo que fue posible a partir de la votación de la ‘cuarta prórroga’ del ‘estado de alarma’, y lo que se proyecta sobre la ‘reconstrucción económica’ del país y los Presupuestos de 2022, como vía alternativa al alto precio y las amenazas de ERC.

La piedra de toque, o angular del castillo en construcción de Sánchez, está en la aprobación de los Presupuestos de 2022, para tranquilizar la UE, lograr la estabilidad de la legislatura y el conseguir así tiempo imprescindible para la reconstrucción económica y social del país.

De ahí la importancia del apoyo de Cs y la necesidad de que UP ‘adapte y flexibilice’ su programa de Gobierno en materia fiscal, económica y laboral, de acuerdo con la situación de ‘emergencia’ que se ha derivado de la crisis del Covid-19. Lo que solo la ambición personal de Iglesias (que no quiere salir del ‘cielo’ del poder), puede facilitar.

Y es ahí donde entra el equipo de la Agenda ‘España 2050’ de economistas, técnicos y científicos. Un ‘Think Tank’ de expertos -al margen de ideologías-, que ha reunido en La Moncloa el súper Jefe del Gabinete del presidente, Iván Redondo. Y el que, ante la intempestiva crisis del Covid-19, ha tenido que cambiar sus objetivos hacia el corto plazo en pos de la ‘reconstrucción’ económica, social, digital y ecológica del país.

Lo que parece lógico -veremos que dicen sus conclusiones- y un proyecto bien planteado. Pero que adolece en el corto y en el largo plazo de una pieza fundamental en lo que a la recuperación y a la modernización de España se refiere: la necesaria ‘Reforma Democrática’ y su necesaria integración en el texto constitucional del país.

Una asignatura pendiente de la Transición, cuya principal carencia reside en la ausencia real y flagrante de la Separación de los poderes del Estado. La lección magistral del barón de Montesquieu, al que Alfonso Guerra presumió de haber enterrado tras la ‘conquista’ por Felipe González del Poder Judicial al inicio de su mandato presidencial.

Guerra no enterró a nadie por la sencilla razón de que Montesquieu y su ‘separación de poderes del Estado’, que son la base fundamental de toda Democracia, nunca estuvieron presentes en la Constitución Española de 1978.

En la que sólo están separadas ‘las funciones’ de los poderes pero no los poderes en sí, (Ejecutivo, Legislativo y Judicial, más el ‘cuarto poder’, la Prensa, y el ‘quinto poder’, el Económico). Los que se suele acumular en España, bajo un presidencialismo ‘de facto’, el Presidente del Gobierno de turno.

Una acumulación exhaustiva de poderes que genera la tentación autocrática del gobernante, y se acaba convirtiendo en halo de ‘impunidad’ y desafueros que acaban por destronar, por sus abusos y errores, a quien detentaba el enorme poder acumulado.

Si la separación de poderes del Estado no figura de manera explícita en el texto constitucional, España no habrá completado su reforma la Transición. Y este es un capítulo esencial que falta en la Agenda 2050 de Iván Redondo y que debería de incorporar. Y que, si Sánchez lo lleva a cabo, entonces habrá ganado los galones de ‘estadista’, que hoy está bastante lejos de alcanzar.