Sánchez y Casado lo sabían, pero no todo

Cuando Pedro Sánchez pactó con Pablo Iglesias el Gobierno de coalición y con ERC, PNV y Bildu su investidura ya sabía a lo que se exponía y el precio que tendría que pagar por todas estas alianzas, ‘contra natura’ del PSOE, y los riesgos que para su presidencia todo ello comportaba.

Cuando Pablo Casado asumió la presidencia del PP y, tras depurar de la dirección del partido a los mejores ex dirigentes y ex gobernantes de Rajoy, decidió rodearse de un equipo joven y con poca experiencia por consejo de su padrino Aznar, que le colocó a Cayetana como portavoz del PP en el Congreso.

Y cabe imaginar que el nuevo líder del PP sabía lo que hacía y el riesgo que asumía. Y obligación de Casado era saber también lo que pasaría en Madrid con el nombramiento que hizo de Isabel García Ayuso para presidenta de la CAM, algo inexplicable -visto el currículum ‘cero patatero’ de la elegida-, a sabiendas que el Gobierno de Madrid iba a ser el espejo y el modelo de la alternativa de Casado al Gobierno bicolor de Sánchez.

Lo que no sabían ni esperaban meses atrás Pedro Sánchez y Pablo Casado era que sobre el cielo de España se aproximaba un gigantesca ‘tormenta perfecta’. La que venía de China y que muy pronto enseñaría en Italia los tentáculos de la mortífera pandemia del Covid-19.

Una crisis sanitaria en la que España, con 50.000 fallecidos por causa del virus, se ha convertido en el primer país del mundo con más muertos por número de habitantes,lo que habla de la mala gestión de la pandemia en nuestro país.

Ni Sánchez ni Casado podrían imaginar todo esto ni las consecuencias que el impacto de la epidemia y el necesario confinamiento de los ciudadanos iban a tener en la economía y el empleo.

Pero llegaron las lluvias y los vientos huracanados de la tormenta y Sánchez se encontró ante el Cabo de Hornos con una tripulación novel, conflictiva y con Iglesias de contramaestre. Y algo parecido le pasó a Casado en el barco  de la oposición, con una oficialía sin experiencia y con la aguerrida Cayetana  jaleando el zafarrancho de combate.

Mientras Inés Arrimadas con un puñado de los suyos navegaba en un bote de remos en pos de un puerto seguro que, finalmente, encontró al abrigo del Gobierno de Pedro Sánchez.

El que cuenta con una ventaja enorme frente a sus competidores políticos como es el disfrute y el ejercicio del poder. Máxime en un país como España donde la separación de los poderes del Estado es una pura ficción, y en el que para colmo y con motivo de la crisis Sánchez ha disfrutado de 100 días de control absoluto y gobernando por decreto con el ‘estado de alarma’ y con el control absoluto de los grandes medios de comunicación.

Y Casado, sin medios de comunicación importantes a su alcance, y sin darse cuenta que la presencia de Iglesias en el Gobierno iba a provocar la confrontación y que Sánchez es capaz de todo con tal de permanecer en el poder, atacó en tromba el castillo inexpugnable del poder y se equivocó. Cuando su estrategia debió ser otra: dejar a Sánchez naufragando poco a poco en la salsa de la crisis con sus desaconsejadles compañías.

Y ahora el maquiavélico ‘príncipe’ de La Moncloa, a quien acompaña en su cortejo la entregada doña Inés de Cs, ve como la nave del PP se acerca sin buen rumbo hacia la barrera de arrecifes como el del rompeolas de Madrid donde el barco del PP puede embarrancar y quedar varado y a merced de la tempestad. Y sabiendo que en la sentina del barco tiene un barril de pólvora con las siglas de la CAM que en cualquier momento podría estallar.

El poder es mucho poder en España y la oposición es poca oposición. Lo acabamos de ver con el archivo de la querella del 8-M por parte de la juez Rodríguez Medel.

Pero ¿que se esperaban en el PP? Y que se preparen en Génova 13 porque lo de las residencias de ancianos en Madrid no acabará en archivo sino probablemente en condenas y entonces ¿que hará Casado? Habrá que esperar a ver qué ocurre pero el líder del PP no lo tiene fácil ni nada bien.