Sánchez abandera la confrontación

El presidente Sánchez gobierna con la calculadora de la geometría variable con la que hace sus cálculos de mayorías para cada ocasión y en este caso para su sexta prórroga del ‘estado de alarma’. Para la que ha recuperado a ERC en pos de la mayoría de la investidura con la que espera llegar al fin de la desescalada de la epidemia. Y puede que a alcanzar los Presupuestos de 2021 que le garanticen al menos la mitad de la legislatura.

En esta etapa Sánchez ha rehecho su mayoría inicial confirmándole a ERC la apertura de la ‘Mesa de Diálogo’ a primeros de julio catalana para hablar de la consulta de autodeterminación y de los indultos a los golpistas. Y para ofrecer al PNV la pronta salida del País Vasco del ‘estado de alarma’, a la vez que deja a Cs, que ahora no le es imprescindible, en la intemperie y la reserva por si necesita de ellos más adelante.

Además y para que no falte de nada Sánchez cuenta con una Oposición débil, dividida, mal liderada y sin presencia ni influencia en las grandes cadenas de televisión nacionales.

Luego están los ciudadanos de todas las tendencias políticas e ideológicas que son el verdadero ‘talón de Aquiles’ del Sánchez y de su pintoresco e irresponsable acompañante Iglesias. Y los ciudadanos, que están sufriendo mucho con la epidemia y en confinamientos desesperantes, saben bien que la crisis sanitaria se ha gestionado muy mal, que Sánchez no quiso hacer la unidad política del país de cuya ausencia cínicamente se queja, y que pronto van a conocer el verdadero rostro de la crisis económica y social.

La que este Gobierno no podrá gestionar ni controlar bajo la influencia de dirigentes políticos como los que están en el Ejecutivo por parte del PSOE y Podemos, o como los que por fuera del Gobierno y de la Constitución están al frente del PNV y ERC.

Y es en estas circunstancias y en las que lamentablemente están por venir cuando Sánchez, de tardío luto riguroso, pidió ayer desde su última homilía dominical al resto de fuerzas de la oposición -a las que culpa de sus propios errores: que se alejen del virus de la desunión y de la confrontación.

Los dos virus que el propio Sánchez y su colega Iglesias han inoculado en el debate político y social español. La confrontación y la tensión política quien la genera es el Gobierno pactando con Bildu la reforma laboral, amparando los presuntos delitos de prevaricación del ministro Marlaska, acusando a la Oposición de fomentar un golpe de Estado y mintiendo sobre el número de muertos en la epidemia y sobre lo ocurrido en las residencias de ancianos.

La confrontación es Sánchez, de luto o en vaqueros, en su estado puro de soberbia y ambición. Y ha ido tan lejos en su autocrático liderazgo que cuando esté país necesite, que lo va a necesitar, un esfuerzo supremo de unidad nacional muchos dirán que con Sánchez esa unidad no se puede pactar. Y puede que entonces muchos en el PSOE comprendan que este nefasto liderazgo, que se apoya en los enemigos de España, se tiene que cambiar.

Pero todavía faltan algunos meses para llegar a ese escenario salvo que la epidemia rebrote y el hundimiento de la economía y el empleo se acelere y la indignación nacional estalle y sea imposible de controlar, lo que no nadie en las circunstancias en las que estamos y a las que vamos debería descartar.