Iglesias eclipsa a Sánchez en la política y la economía

Los barones del PSOE, desde su confinamiento político, empiezan a estar hartos de los disparates y provocaciones de Pablo Iglesias que se están convirtiendo en el motor de la crispación y tensión política de este país y que están poniendo en riesgo la colaboración de Cs con Pedro Sánchez que, de momento, les libera al Gobierno y al PSOE de la dependencia política de los soberanistas impacientes de ERC.

Pero Iglesias, que ayer se puso todas las medallas por la aprobación en el Consejo de Ministros del decreto de la ‘renta básica’ contra la pobreza, está crecido y eclipsando el liderazgo del presidente del Gobierno Pedro Sánchez con su continua presencia en los medios en base a burdas provocaciones a la oposición que dañan la imagen y la credibilidad del Gobierno de España.

Así, y no contento con el escándalo provocado con acusaciones al PP y Vox de fomentar la insurrección del Ejército y la Guardia Civil para promover un golpe de Estado el verdadero golpista -por su apoyo al golpe catalán- que es Iglesias se dispone a armar otra bronca en el ámbito económico.

Y en clara confrontación con la vicepresidenta de Economía, Nadia Calviño, a la que exige la derogación íntegra de la reforma laboral, que el Gobierno pacto con Bildu por escrito, y pidiendo un fuerte incremento de la presión fiscal a ‘los ricos’ y las empresas, al tiempo que exige nacionalizaciones de empresas, como las pretendidas de las fábricas de Nissan en España.

Un discurso político y económico el de Iglesias que abunda en la idea del aumento importante del déficit público y la deuda del Estado al tiempo que genera toda clase de alarmas y reticencias tanto en la UE como entre los inversores extranjeros y los mercados de capitales.

Los que ven, en todo esto, la deriva de un Gobierno español de ‘extrema izquierda’ y pro comunista que además de su inestabilidad no solo produce desconfianza sino que además promueve el espectro de ‘inseguridad jurídica’ si, como lo pretende Iglesias, se confirma la derogación íntegra de la última ‘reforma laboral’ del Gobierno de Rajoy.

Lo que, de llevarse a cabo en paralelo con una fuerte subida de impuestos a las empresas y en compañía de nacionalizaciones, provocaría una avalancha de nuevos parados que sumarían al más del millón de la vigente crisis (y a los que llegarán cuando los ERTES se conviertan en ERES), poniendo en peligro las ayudas financieras y créditos que España podría recibir de la UE por valor de 140.000 millones de euros, y por supuesto poniendo en fuga las inversiones nacionales e internacionales en el territorio español.

La vicepresidenta Calviño ya criticó, en su día, la derogación íntegra de la reforma laboral que Pablo Echenique dice que se hará ‘sí o sí’, mientras la tensión entre Calviño e Iglesias crece y el presidente Sánchez lo atribuye a una mera diferencia de ‘sensibilidades’ en el seno del Gobierno.

Mientras que la ministra Portavoz y de Hacienda, María Jesús Montero, tuvo que matizar el pasado viernes dos afirmaciones de Iglesias en las que se declaraba a favor del indulto a ‘los Jordis’ (Sánchez y Cuixart) condenados por el golpe catalán del otoño de 2107, y diciendo la ministra que semejante  petición la hacía Iglesias como dirigente de UP, y no como el vicepresidente tercero del Gobierno, lo resulta imposible de separar y de aceptar.

Asimismo, sobre las pretendidas e importantes subidas de impuestos de Iglesias a ‘los ricos’ y a las empresas, la ministra Portavoz también tuvo que marcar una diferencia diciendo que esa subida será progresiva y no frontal. Con el argumento de que España debe recuperar la diferencia de hasta siete puntos que separa a España de la media impositiva de los países de la UE.

Los que, dicho sea de paso, ofrecen a sus ciudadanos unas prestaciones y una calidad de servicios públicos que las administraciones españolas no ofrecen al conjunto de la ciudadanía de este país.

En todo caso, parece claro que Sánchez no está en condiciones de poder controlar a Iglesias que se ha instalado, con el ‘tanto monta, monta tanto’ con Sánchez, en una bicéfala donde el vicepresidente tiene las de ganar en protagonismo mediático porque sus disparates y provocaciones no cesarán.