Europa desconfía de España e Italia, pero nos necesita

Estamos convencidos que las embajadas de las instituciones de la UE y de los 26 países de la Unión que se sientan con España en el Consejo Europeo están siguiendo con la máxima preocupación los acontecimientos políticos españoles que hablan de tensión política, la inestabilidad del Ejecutivo -sin mayoría estable- y desgobierno de la nación en medio de la gravísima crisis sanitaria -ya empiezan a reconocer 45.000 personas fallecidas-, económica y social.

Un espectáculo entre dantesco y lamentable que no ofrece a la UE todas las garantías de España para el buen uso de los fondos mil millonarios (se habla de hasta 140.000 millones de euros) que las instituciones europeas podrían ofrecer a nuestro país para la reconstrucción sanitaria y económica del país.

Y ello siempre y cuando las propuestas generales del fondo europeo de 750.000 millones de euros, propuesto por la presidenta de la Comisión, Ursula Von Der Leyen, sean aprobadas pronto por el Consejo Europeo.

Un fondo de 750.000 millones de euros con emisión de deuda mutualizada de la UE, que no llega a los dos billones de euros que pidió el Parlamento Europeo, ni al billón y medio que solicitó España. Aunque supera en 250.000 millones la última propuesta que hicieron Francia y Alemania.

De la propuesta de la Comisión, 500.000 millones de euros serán en ayudas a no devolver (de las que unos 77.000 millones podrían llegar a España) y los 250.000 millones restantes (de los que España puede lograr 63.000 millones)  serán créditos a reembolsar por los países beneficiados.

Todo ello siempre y cuando la propuesta de la Comisión sea aprobada por  el Consejo Europeo, donde los llamados ‘países del Norte’ (Suecia, Austria, Holanda, Finlandia y Dinamarca) se oponen a las ayudas no reembolsables y exigen que todo el fondo sea cedido en créditos a devolver. Y con garantías de reformas estructurales y respeto a la convergencia fiscal presupuestaria de la UE por parte de los países beneficiados con los fondos.

Países que, especialmente son Italia, España y Polonia. Y países que si no recibieran las pertinentes ayudas de la UE podrían poner en peligro -además de su propia quiebra- la estabilidad del euro y el mercado común,  donde se producirían enormes agravios diferenciales entre las naciones más ricas y las más dañadas por la crisis.

Y todo ello sin perder de vista el daño que estas diferencias podrían causar al propio proyecto de construcción política de la UE, en el mundo global en el que vivimos y tras la salida del Reino Unido de los Tratados europeos.

Está claro que en la UE no se fían de España e Italia y que por ello pondrán condiciones y vigilancia para el buen uso de las ayudas y créditos de la UE. Pero la UE, que lideran Francia y Alemania, no puede prescindir ni tampoco arruinar a las terceras y cuarta economía de la UE, porque si lo hacen el euro se hundirá, el mercado único sufrirá y el proyecto político europeo correrá el riesgo de desaparecer.

Pero esta necesidad que la UE tiene de España e Italia no les permitirá a los gobiernos de Madrid y Roma no cumplir con las estrictas condiciones que les impondrá la UE para recibir las ayudas y créditos porque ambos países se juegan ni más ni menos que la quiebra de sus respectivos Estados, y eso para los españoles y los italianos puede ser una gigantesca ruina y sin fin.

Por ello preocupa la añadida -a la sanitaria y económica- crisis política y de estabilidad de España y el escaso nivel de muchos de los ministros de este Gobierno de coalición que va de bronca en bronca entre ellos mismos y con la opinión. Lo que no parece el mejor de los ejemplos de un país que espera y necesita una enorme cantidad de fondos europeos que deberá gestionar con moderación y eficacia lo que al día de hoy no es fácil de imaginar.