El Gobierno está perdiendo el control

El cese del Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, el coronel Diego Pérez de los Cobos, decidido por el ministro de Interior Fernando Grande Marlaska, por haber investigado -por orden de un juez- el cómo y quien autorizó la gran manifestación feminista del pasado 8 de marzo, cuando la epidemia ya estaba en España, se ha convertido en un nuevo escándalo político.

El que, en tan sólo en pocos días, se ha sumado al del pacto del Gobierno con Bildu sobre la derogación de la reforma laboral del Gobierno de Rajoy a cambio de la abstención de este partido en la votación en el Congreso de la quinta prórroga del ‘estado de alarma’.

El Gobierno de Pedro Sánchez está perdiendo el control de la situación y le crecen los problemas y los ‘enanos’ en su Gobierno, el PSOE, el PNV, ERC, Podemos y ya veremos si también con Cs.

Y que se cuide el presidente Sánchez de sacar al País Vasco del ‘estado de alarma’ en próximos días para compensar al PNV, por el pacto del Ejecutivo con Bildu en la reforma laboral. Porque esa puede ser la gota que derrame el vaso, a rebosar de la paciencia ciudadana que asiste indignada al descontrol de la desigual y confusa desescalada en: la movilidad de personas, horarios reapertura de comercios, bares, restaurantes y playas de todo el país.

Porque si Sánchez favorece al Gobierno Vasco que preside Urkullu el resto de autonomías de España pedirán un trato similar, ante la que será la prueba flagrante de la discriminación política en la gestión de la epidemia, como se vio en los retrasos impostados en Madrid y en parte de Andalucía.

Y que renuncie Sánchez a plantear, en estas circunstancias, una ‘sexta’ prórroga de la alarma porque si lo hace la gente se va a echar a la calle sin aceptar el menor control. Y no habrá manera de sancionar a millones de ciudadanos, cansados, preocupados e indignados por la gestión sanitaria, laboral y empresarial.

Máxime, cuando los portavoces de Sanidad, el ministro Illa y el dr. Simon, dicen que todo va muy bien. Pues si va tan bien que se adelante el final del ‘estado de alarma’ pero para todo el mundo.

Aunque más cierto parece que en este momento el Gobierno no sabe cómo va la situación sanitaria, al tiempo que aparecen unos nuevos sistemas para contabilizar muertes y contagios, con la confusión incluida de lo ocurrido en las últimas semanas en Cataluña. Y cuando se ha tenido la desfachatez de rebajar la cifra del número de muertos en 2.000 personas, cuando la realidad es que el número de fallecidos en España -a partir de hoy, en luto oficial- por la epidemia supera ya los 50.000.

Y todo ello mientras crecen la protestas y mientras las denuncias sobre la gestión sanitaria del Gobierno llegan a los tribunales. Como ha sido el caso de las manifestaciones feministas de Madrid del 8 de marzo, autorizadas a pesar de la presencia de la epidemia. Lo que puede tener consecuencias judiciales para el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, que ha sido citado a declarar en calidad de imputado.

Aunque la cuestión más grave, que ya está también en los tribunales, es sin lugar a dudas la de las muertes de miles de ancianos (se habla de 20.000) en las residencias de la tercera edad y sin que se les haya proporcionado toda la asistencia sanitaria que merecían.

Son demasiadas cosas y controversias al mismo tiempo las que el Gobierno tiene sobre la mesa, aunque también es cierto que controla mucho poder y que la oposición tampoco está para tirar cohetes de entusiasmo por causa de su propia actuación. Pero los ciudadanos están hartos e indignados y, al margen de partidos e ideologías, quiere. Recuperar su plena libertad y sus derechos constitucionales. Y eso Sánchez no lo podrá frenar.