La única salida: PSOE, UP, Cs y PNV

Los disparates políticos de las últimas 48, en especial el pacto secreto de Pedro Sánchez con Arnaldo Otegui para la íntegra derogación de la reforma laboral de Rajoy, y lograr la ‘innecesaria’ abstención de Bildu en la quinta prórroga del ‘estado de alarma’, ha roto y dejado en evidencia situaciones que afectan a la estabilidad del Gobierno de coalición del PSOE y UP.

Como son el enfrentamiento entre los vicepresidentes Calviño e Iglesias; o entre Ábalos y Lastra en el PSOE (además del estupor entre los barones regionales socialistas); y la retirada de la CEOE de la mesa del 'diálogo social’.

Heridas todas profundas que añaden una crisis institucional en el seno del Gobierno a la preocupante situación sanitaria, económica y social española. Sin que se aprecie en el horizonte un Gobierno estable y moderado que dé paso a la otra ‘desescalada’ -al margen de la sanitaria- de la gran recesión que invade España con destrucción incluida de un millón de empleos y miles de empresas, un déficit del 10 %, la caída del PIB de 9,4 % y una deuda del Estado 115,5 % a finales de 2020.

Y todo ello con nuestra primera industria -denostada por el ministro Garzón- el Turismo desarbolada y pendiente de las inciertas vacaciones de verano. Y a no perder en la memoria colectiva del país la cifra real de 50.000 personas fallecidas por causa de la epidemia.

La consecuencia de todo ello no puede ser otra que la necesaria acción eficaz e inteligente de un Gobierno estable que agote la legislatura con una mayoría parlamentaria suficiente. Y con una gestión moderada y razonable que les ofrezca a los mercados internacionales y a las instituciones de la UE un marco de confianza y seguridad jurídica.

Ese podría ser el caso de una gran coalición PSOE-PP pero ninguno de los dos grandes partidos nacionales quiere dar ese paso tan habitual en otras naciones europeas como Alemania y que en España resulta imposible de imaginar. Entre otras cosas porque, como le dijo una vez un ministro de la SPD a Felipe Gonzalez, ‘en España no hay alemanes’.

Pero, a falta de esa opción, sólo quedan dos salidas posibles: la temeraria con la izquierda soberanista y populista del reciente pacto de investidura de Sánchez (con ERC y Bildu); o la moderada de centro izquierda del Gobierno de Sánchez con Cs y PNV. La única de las dos que, además de estabilidad parlamentaria (con 178 diputados), puede ofrecer confianza a los mercados internacionales y la UE en un tiempo en el que España necesita financiación por valor de 150.000 millones de euros.

En las circunstancias actuales está segunda opción, con la presencia de Cs y PNV junto al Gobierno del PSOE y UP (y otras minorías de CC, MP, PRC y TE), se presenta como la única salida viable y razonable. Siempre y cuando no aparezcan fricciones y desencuentros en las políticas económica, fiscal y laboral entre Pablo Iglesias e Inés Arrimadas.

Y siempre y cuando Iglesias no empuje a Sánchez a rehacer la mayoría de la investidura que rompió ERC votando ‘no’ a las cuarta y quinta prórrogas del ‘estado de alarma’. Para anteponer Junqueras sus exigencias soberanistas catalanas y los indultos a los golpistas (el suyo el primero) al interés general y a la prioridad sanitaria en la lucha contra la epidemia.

El pacto de Sánchez con Arrimadas ya ha funcionado con éxito en las dos últimas votaciones del ‘estado de alarma’ y podría continuar a pesar de que Sánchez ocultó a Cs, antes de la segunda votación de, pasado día 20, que había firmado un pacto con Bildu para derogar íntegra la reforma laboral de Rajoy.

La que ahora más que nunca es imprescindible para recuperar los empleos, porque cuando Sánchez e Iglesias firmaron su programa de Gobierno en el que se hablaba de derogar dicha reforma no había en el horizonte español la gran recesión que ahora tenemos.

Pero habrá que estar atentos a los movimientos de unos y otros en este tan frágil tablero político español, que ha sido sacudido en los últimos días por el infame pacto de Sánchez con Otegui sobre la reforma laboral. Pacto sobre el que, con el mayor descaro, la ministra portavoz María Jesús Montero le ha echado la culpa al PP, cuando en realidad quienes le traicionaron a Sánchez fueron sus socios de investidura: ERC.