La alarma constitucional es Pedro Sánchez 

No hacen falta más ‘estados de alarma’ para controlar la desescalada de la crisis sanitaria del país, tal y como se desprende del entusiasta optimismo del Gobierno y de sus buenas y últimas cifras ‘oficiales’ sobre el número de las personas fallecidas y contagiadas en las últimas horas. Aunque Sánchez, que ha disfrutado del inmenso poder de las ‘alarmas’, quiere más.

Pero hay otro estado de alarma y éste más preocupante, como es el que se desprende del pretendido regreso del presidente Pedro Sánchez y del PSOE al campo de soberanismo separatista y populista, de la mano de los que han han sido sus aliados en la investidura, los primeros dirigentes de Podemos, PNV y ERC, Pablo Iglesias, Andoni, Ortuzar y Oriol Junqueras.

Creímos que la crisis sanitaria, económica y social del país, sin duda la más igrave del tiempo de la Transición, era motivo más que suficiente para que Pedro Sánchez vistiendo la capa de un ‘estadista’ asumiera el liderazgo de España, uniera el país y pusiera delante de su ambición personal y maneras autocráticas de ejercer el poder el interés general de los españoles.

Pero, lejos de actuar con esa alta reponsabilidad que este dramático tiempo le otorgaba, Sánchez aprovechó la crisis para reforzar su poder utilizando los  resortes excepcionales del ‘estado de alarma’ y el recorte de los derechos constitucionales de los españoles preocupados y confinados en sus casas.

Exigiendo Sánchez, por añadidura, a la Oposición, que se allanara a ciegas a sus pies a pesar de enormes errores y mentiras de su Gobierno en la lucha contra la epidemia. Errores que han costado vidas (miles en las residencias de ancianos, para oprobio de un Gobierno de izquierdas) y un caudal de enfermedades, pérdidas irreparables en familias, la economía y el empleo.

Sánchez no consultó ni consensuó con nadie sus decisiones unilaterales. Y cuando acabe lo peor de esta crisis querrá entonces ponerse el sólo todas las medallas posibles, subido en un pedestal erigido en un campo de Marte, de muerte (los fallecidos por el virus son 50.000 personas), de desolación y destrucción. Un ‘campo de soledad, mustio collado’.

Tuvo Sánchez, en la mano tendida de Inés Arrimadas que le permitió aprobar la cuarta prórroga de la alarma con apoyo de Cs, la oportunidad de rectificar el rumbo y regresar a la senda de la unidad constitucional. Algo que también debió de haberle ofrecido con generosidad el PP de Pablo Casado quien, al no hacerlo, también se equivocó.

Pero la tentación constitucional que le brindó Arrimadas y que tanto furor causó en el delincuente Junqueras, parece que durará bien poco porque ya están en marcha negociaciones entre el PSOE y ERC (que impulsa Iglesias) para el regreso de Sánchez al terreno baldío y temerario de los golpistas de Cataluña y de los soberanistas vascos del ‘cazo’ tendido, dejando de lado la senda de la unidad democrática y constitucional.

Sánchez no ve más allá de su propia soberbia y ambición, y quizás piensa desde la atalaya de su omnímodo poder que el tiempo juega a su favor. Y  que con unas pocas manos de póker en la ‘mesa de diálogo’ catalana -en la que apuesta la soberanía nacional y los indultos- seguirá engañando a todos camino de sus Presupuestos de 2021, izquierdistas y pro nacionalistas, para asegurarse una buena parte de la legislatura.

Pero el espectáculo triunfalista de sus malas artes políticas, que jalea el gran aparato audiovisual y periodístico del que dispone, no podrá restañar en un tiempo récord las heridas y los destrozos causados. Pero cuando lleguen las  urnas entonces los ciudadanos, por encima de ideologías y si la Oposición ha recuperado para esas fechas la cordura y el buen hacer, dictarán su gran veredicto desde su particular experiencia de sufrimiento, ruina y desolación que sin duda y durante mucho tiempo perdurará. Ya lo verán.