Sánchez regresa a los brazos de Junqueras

La cabra de La Moncloa está regresando al monte populista y soberanista donde se pactó, a primeros de año, la investidura de Pedro Sánchez con la colaboración de UP, ERC, PNV, Bildu, MP, CP y TE. Una reedición limitada del modelo de la moción de censura Frankenstein, contra Mariano Rajoy, pero en la investidura sin la presencia de JxCAT.

Así y cuando parecía que Sánchez recuperaba la sensatez constitucional de la mano de Inés Arrimadas tras la votación de la cuarta prórroga del ‘estado de alarma’, y que el propio Pablo Iglesias se reconciliaba con la democracia liberal, la esperanza de un regreso al centro izquierda de la política nacional se esfumó, como flor de un día.

Sobre todo tras la amenaza a Pedro Sánchez de Oriol Junqueras, el preso de la cárcel de Lledoners, conminándole a elegir entre Cs y ERC. O, de lo contrario, su partido actuaría para -votando contra los Presupuestos de 2021-, derribar la legislatura.

Y, aunque Sánchez cree tener a la ‘Reina de Corazones’ Arrimadas en la bocamanga de su chaqueta de croupier, decidió reabrir las negociaciones con ERC para recomponer el pacto de su investidura a fin de disponer, en esta partida de la quinta prórroga de la ‘alarma’ y de los Presupuestos de 2021, de dos barajas.

A sabiendas que ERC ha soltado sobre el tapete su órdago a la grande y no se anda con chiquitas, por motivos que considera urgentes como son: la esperada y puede que inminente sentencia del Tribunal Supremo que va a confirmar la inhabilitación del hasta ahora President catalán Quim Torra; y el riesgo de que Torra, siguiendo las instrucciones de Puigdemont y antes de salir de la Generalitat, convoque el adelanto de las elecciones catalanas.

Lo que podría ser nefasto para Junqueras porque le impediría ser candidato a la presidencia de la Generalitat en unos comicios que probablemente va a ganar ERC. Porque para ser candidato Junqueras, inhabilitado y condenado a 15 años de prisión, necesita ser indultado por Pedro Sánchez. Lo que no parece que eso pueda ocurrir en este tiempo de ‘estados de alarma’ -hasta finales de junio- de incierta epidemia y alta tensión política nacional.

Y la ausencia de Junqueras en el cartel electoral de ERC es lo que espera el prófugo Puigdemont desde su confinamiento en Waterloo para ser él mismo candidato a la próxima cita electoral catalana que puede estar al llegar. Al igual que se aproximan las de País Vasco y Galicia donde Inés Arrimadas también quiere hacer sus pinitos de pactos de ‘geometría variable’ y en estas dos citas con el PP, y si es que en Galicia se lo consiente Feijóo.

Al fondo de todo ello están las verdaderas y esenciales condiciones del pacto de investidura de Sánchez que son cinco:

-La entrada de Podemos en el Gobierno con Iglesias de vicepresidente.

-El indulto a Junqueras para ser candidato y President de la Generalitat.

-Concesiones al PNV y negociaciones para un nuevo Estatuto vasco.

-Ventajas para los presos de ETA y a Bildu en Navarra.

-Y por supuesto la presidencia del Gobierno de España para Pedro Sánchez.

Pero de momento todos los aliados de la investidura han cobrado la cuota parte que les corresponde del pacto con la sola excepción de Junqueras y ERC. Y, de ahí y como aviso al navegante Sánchez, el voto en contra de ERC el pasado día 6 en el Congreso y la amenaza furiosa a Sánchez del Polifemo preso de la cárcel de Lledoners. Porque en la base del pacto de investidura se incluían dos objetivos claves: Sánchez a La Moncloa y Junqueras a La Generalitat. Como decía el título de aquella entrañable película: ‘Tú a Boston y yo a California’. Y Sánchez ya está en Boston, mientras Junqueras sigue en Lledoners. Y por eso brama y amenaza sin cesar, mientras Arrimadas deshoja su margarita y canta con cierta melancolía el ‘Qué será, será’.