Hasta aquí llegó la riada

Pablo Casado parece haber salido del cascarón de la tristeza y sacado el carácter para decirle a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados: ‘hasta aquí hemos llegado’. Es decir, que nadie en La Moncloa cuente a partir de ahora con el líder del Partido Popular, al que por cierto ya no llama Sánchez sino Carmen Calvo, porque el presidente está muy ocupado en sus conversaciones con Inés Arrimadas que ahora es ‘la niña de sus ojos’.

La niña de Casado es sin embargo Isabel Ayuso que tiene una mirada ida e inquietante y va de lío en lío -el hotel,  la Fase 1, las residencias de ancianos, las mascarillas, las desavenencias con Cs, etcétera- y que promete ir a más para no defraudar al personal. Aunque en el interior del PP nacional -y qué decir en el periférico- el caso Ayuso empieza a espantar. Y alguien y cuando antes mejor deberá un día de estos decir ‘hasta aquí hemos llegado en la Puerta del Sol’.

Pero, de momento, ‘a lo hecho, pecho’ y a aguantar el chaparrón madrileño a ver si escampa, lo que no parece fácil de imaginar salvo que Isabel Ayuso, que ya posa como la Inmaculada Concepción, haga voto de silencio lo que tampoco es fácil de imaginar.

Casado pinta el retrato político de Sánchez con una precisión velazqueña y además dice la verdad. Pero al Presidente del Gobierno  las verdades le resbalan por su cara impasible y de madera como si lo que le dicen no fuera con él.

Y máxime en las circunstancias políticas actuales que le permiten envolverse en la bandera nacional con un ¡todo por la patria’! (como la Guardia Civil) y el discurso inverso y socorrido de que éste no es tiempo para la confrontación política sino para ‘salvar vidas y empleos’.

Empezando, claro está, por el empleo de Presidente del Gobierno para lo que Sánchez cuenta ahora con dos mayorías alternativas -‘de geometría variable’ como dicen los politólogos- como son las que encabezan por una parte Arrimadas y por la otra Junqueras.

Ambos en apretada carrera para ver cuál de los dos se hace con el favor del Presidente en la ‘quinta prórroga’ del estado de alarma y en la votación de los Presupuestos de 2021 que no tardará en llegar.

Y mientras tanto Pablo Casado, el joven ‘hipster’ del PP, sentado en su sillita de anea a las puertas de la sede central del PP de Génova 13, en la espera de que pase el cortejo fúnebre de su adversario, con cara de pocos amigos, los brazos cruzados, el ceño fruncido y el gesto enfadado, porque como nos dijo ayer ‘hasta aquí hemos llegado’. Y, lo que tiene mucho mérito, sin haber dado un solo paso.

Antes que Arrimadas se prestara a la escena del sofá con Sánchez, pudo Casado, dada la emergencia nacional, haberle ofrecido al Presidente la gran coalición PSOE-PP a pesar que Sánchez no se lo merece, ni es de fiar y en la seguridad de que Sánchez le habría respondido con un sonoro ‘no es no’. Pero Casado no se movió, se sentó y ahí sigue y no se moverá porque le ha dicho el oráculo Michavila que tiene el viento de las encuestas a favor y que la tendencia mejorará.

Pero eso es como tener un tío en la Patagonia y ‘ad calendas grecas’. Es decir para sepa Dios cuándo y, llegado el caso, en qué condiciones. No en vano está por ver si a Sánchez no se le rompe el cántaro de su particular cuento de la lechera y pronto aprueba los Presupuestos y logra dos años más de legislatura en los que se pueden recuperar la economía y el empleo (ése es su plan) antes de entrar en campaña electoral en 2022 o 2023.

Y si esos plazos se cumplen a ver entonces qué le dicen los oráculos del PSOE y del PP. Y sobre todo qué dicen y votan los ciudadanos, pero de aquí a esa fecha ¿para qué sirve el PP? Pues ¡para oponerse! como es su santa obligación porque ‘hasta aquí hemos llegado’. O dicho de otra manera: ‘se acabó el carbón!