Compleja y lenta desescalada hacia la ‘normalidad’

El Consejo de Ministros ha aprobado este martes el Plan de desescalada nacional’ para el fin de confinamiento y la reactivación económica en post de alcanzar ‘la normalidad’ a finales de junio o primeros de julio, a través de cuatro fases que se iniciarán a partir del 11 de mayo. Y durante las que permanecerá prohibida la movilidad entre islas y provincias, cuyo control y cumplimiento vigilará el Gobierno que solicitará más ‘estados de alarma’.

Naturalmente, estos planes están condicionados a que se confirme la mejora de la crisis sanitaria y la tendencia ‘oficial’ descendiente de los últimos días. Lo que, en los casos de rebrote de la epidemia, obligaría a frenar algunas de estas fases de desescalada por provincias, que se han convertido en el ámbito geográfico de esta aplicación ‘asimétrica y gradual’ del ‘Plan de desescalada’.

Un Plan quizás demasiado lento y complejo en comparación con lo que se está haciendo en otros países europeos donde las normas tienen ámbito nacional. Y un Plan también excesivamente riguroso en lo que se refiere al relanzamiento de la economía lo que, sin duda, no permitirá que ésta se active plenamente y empiece a recuperar de manera clara hasta primeros o mediados de julio si es que para entonces se ha alcanzado ‘la normalidad’.

El modelo español de desescalada del confinamiento y del bloqueo de la economía y de la movilidad es demasiado lento y complejo y sólo se justifica por el temor del Gobierno al rebrote de la epidemia, ante la incapacidad del Ejecutivo de tener certezas al respecto por no haber hecho test rápidos al conjunto de españoles. Y no se han hecho porque el Gobierno teme o sabe que, si se hacen test masivos, puede aflorar una una oleada de contagios.

Y es por ello por lo que no se han hecho los test (cuyo número en España ha tenido que rectificar el Gobierno, porque presumió de cifras altas que eran falsas). Lo que anuncia que cuando se realicen los test masivos, si alguna vez se hacen, nos vamos a encontrar con cifras tan asombrosas como lo son las del verdadero número de muertos en nuestro país, que podrían ser 35.000 personas fallecidas.

El Gobierno manda, y lo hace por decreto y bajo el paraguas del ya cuarto  ‘Estado de Alarma’ -que piensa prorrogar- y con muchas y lógicas cautelas por temor a un nuevo rebrote de la crisis sanitaria. Y motivos tiene o tendrá el Gobierno para tomar las complejas decisiones que nos acaba de anunciar.

Y si el Gobierno teme el rebrote ello significa que los ciudadanos, en esta etapa de apertura, deberán de ser muy prudentes y cautelosos porque la nueva movilidad (Inter provincial) y las que serán nuevas actividades económicas y comerciales incluyen riesgos que no se deben despreciar.