El autócrata Sánchez a sus anchas y sin oposición 

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Como en la película de Charles Chaplin de ‘El Gran Dictador’ podríamos imaginar a Pedro Sánchez en su despacho de La Moncloa dando patadas a un globo pintado con el mapa de España, porque Sánchez ostenta, bajo el ‘Estado de Alarma’, un inmenso poder como nadie tuvo en España desde el inicio de la transición. 

Un poder sobrevenido por la crisis sanitaria y económica del coranovirus que Sánchez ejerce con inusitada intensidad y sus habituales autocráticas maneras de despreciar a la oposición y a los medios para evitar obstáculos en la practica de su función. 

Y ahora con mayor motivo por el miedo imperante, ni más ni menos que a la muerte, en la población que lleva casi un mes confinada -o ‘secuestrada’- en sus casas, mientras las patrullas de las Fuerzas Armadas y de la Seguridad vigilan el confinamiento general ciudadano. 

Y, mientras tanto, decreto viene y decreto va, se interviene la economía, las empresas y la propiedad privada, y mientras el lugarteniente del autócrata, Pablo Iglesias, pide también la intervención de la Banca, las Eléctricas y la Construcción. 

Y por supuesto el Parlamento medio cerrado y a media luz y los medios de comunicación a la orden del autócrata que ha puesto en ruedas de prensa filtro a las preguntas indiscretas de esos periodistas insaciables que están empeñados en conocer la verdad. Mientras TVE y La Sexta TV se llenan de elogios a tan egregio patrón. 

Y los ciudadanos, entre la enfermedad, la muerte de seres queridos, o de conocidos, y la incertidumbre profesional, económica y laboral metidos en sus casas de donde apenas se les permite salir a comprar el pan. 

O a las ventanas y balcones a aplaudir al personal sanitario o a zurrar las cacerolas cada vez que Sánchez, ‘El Gran Autócrata’ español, nos lee en televisión sus discursos bolivarianos sobre lo mal que está todo, los buenos que son los españoles y lo bien que lo están haciendo él y su Gobierno. Y además nos dice muy paternal eso de ‘no os mováis que es peor’. 

Y ahí está Pedro Sánchez como el dueño y absoluto señor de España, y como autócrata hacedor de lo que le viene en gana y ello ‘por nuestro bien’. Y por supuesto con el beneplácito del PP de Pablo Casado, el pretendido líder de la Oposición que a nada se opone, y que debería denunciar esta farsa autocrática, bloqueando la aprobación de decretos y proponiendo un gobierno de ‘unidad nacional’. Y como poco exigiendo el control compartido de los verdaderos datos de la sanidad, la protección de empresas y de la propiedad privada y garantías para los medios de comunicación. 

Pero si el objetivo de Sánchez es presentarse ante los españoles como el gran ‘conductor’ en la crisis, da la impresión de que para Casado su objetivo es el de no ofrecer resistencia a Sánchez confiado en su desgaste y en que ello le beneficiará. 

El uno al mando con el disfrute absoluto del poder y el otro a la espera del deterioro y los errores del contrario para que su alternativa pueda progresar.  Y al fondo de todo ello los españoles en la incertidumbre y en la inquietud y sin apreciar una imagen de cohesión política nacional.