Sánchez busca tiempo para ocultar la verdad

El largo monólogo con el que el presidente Sánchez nos anunció el tercer ‘Estado de Alarma’ y los que le seguirán no se comparece con su discurso optimista sobre el ‘final del pico y la caída de la curva’ con el que pretende anunciar que España está saliendo de la crisis sanitaria. Lo que abriría la otra puerta de la recuperación económica. Si las cosas van tan bien por ¿en ese caso por qué tantos ‘estados de alarma’? 

La realidad y por lo tanto la verdad parecen bien distintas y de nada sirve el barrer bajo las alfombras de La Moncloa las cifras verdaderas de muertos y contagiados, porque esos números son tozudos y aparecerán pronto con más de 15.000 fallecidos y camino de los 200.000 contagiados. Como así lo pronostican los expertos que denuncian la ausencia de tests entre todos los infectados que están confinados y en muchos fallecidos excluidos de ese recuento oficial. 

Sánchez ya mintió hasta la saciedad en su campaña electoral y al final tuvo que incorporar a Iglesias a su Gobierno y ofrecer a Junqueras soberanía y toda clase de regalos. Y ahora miente con la misma facilidad que durante las elecciones en la creencia de que ganando tiempo ante la opinión pública llegará un día en que su optimismo podrá acercarse a la realidad. 

Pero los destrozos que Sánchez está causando a su alrededor con errores de bulto e incapacidad de gestión de su gobierno son irreparables, y se van a convertir, tarde o temprano, en el auténtico balance de su pésima gestión. Y la de un Gobierno que, salvo en el caso de la vicepresidenta Calviño, sólo tiene justificación ideológica y una generalizada carecía de formación y de alta experiencia de gestión y así nos va. 

Es cierto que nadie esperaba esta crisis pero España se merecía otro equipo de Gobierno y ahora, ante la dificultad, las carencias brillan y se evidencian con más claridad. 

Y si Sánchez fuera, no ya un estadista sino un político responsable, ante la emergencia nacional en curso habría hecho una crisis de Gobierno para incorporar ministros técnicos del máximo nivel en cuestiones que hoy son tan importantes como la vida empresarial, la tecnología y sobre todo la ciencia y la sanidad. 

Pedirle a Sánchez un gobierno de unidad nacional sería tanto como exigirle que pidiera perdón por sus temerarios pactos de investidura. Pero pedirle un cambio de ministros es algo que favorecería a España e incluso a él mismo. 

Pero Sánchez tiene dos parapetos: la mentira y los grandes y audiovisuales medios de comunicación que, muy tocados en la crisis, le están pidiendo ayudas al Gobierno para su propia salvación. Pero la verdad es tozuda y los destrozos de esta crisis son enormes y seguirán creciendo y al final todo ello aparecerá y dejará en la evidencia y al desnudo a los políticos que no sabían que hacer y como hacerlo y que mintieron para ocultar la implacable verdad. 

Sánchez busca tiempo para esconderse pero el tiempo lo descubrirá.