Sin UCIS, con más deuda y esperando la vacuna

Antes que concluya esta semana es muy probable que España alcance la cifra de 10.000 muertos por la crisis del coranovirus (estamos en los 6.528 y sólo ayer fallecieron 838) lo que constituye un espanto.

Y lo que no parece que se pueda frenar ni controlar a corto plazo porque en los hospitales están ocupadas y saturadas todas las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y hacen falta respiradores para atender a los cientos de enfermos graves que no cesan de emerger de entre esta catástrofe sanitaria nacional.

Es decir, la Sanidad está colapsada y los contagios no cesan de crecer por más que lo hagan en porcentajes inferiores a los de los últimos días. Lo que para los portavoces del Gobierno es una buena señal, aunque nada bueno puede haber cuando mueren cientos de personas cada día.

Y eso que el Gobierno se niega a aplicar los tests rápidos’ a los enfermos contagiados que están en sus casas porque los hospitales no podrían ni siquiera acogernos en urgencias o en salas de espera, dado que se piensa que en esa bolsa de presuntos infectados en confinamiento puede haber bastantes más de 100.000 contagiados.

En estas circunstancias y mientras esperamos llegadas de material sanitario o su producción por la industria nacional (que está haciendo lo que puede), no hemos entendido bien la decisión del Gobierno de parar durante 10 días la actividad económica del país con el argumento de que las UCIS están al día de hoy saturadas y que hay que frenar en seco los contagios.

Y no se entiende por qué el parón de solo 10 días poco o nada va a afectar a la utilización de las UCIS, porque los nuevos contagiados deben pasar más de 10 días de incubación del virus y después de ello habrá que ver si están muy graves y necesita las UCIS o si no las necesitan.

Esta decisión del Gobierno de para la vida económica del país es desde el punto de vista sanitario una medida medida a largo plazo que con solo 10 días no tendrá impacto. Sobre todo porque quienes van a las UCIS y las necesitan son los enfermos graves, muchos confinados en sus casas, a los que no se les hacen los tests, que no pueden aguantar más en sus casas sin atención médica y se pueden morir si no reciben un tratamiento de choque.

Lamentablemente tenemos la impresión que el Gobierno no sabe bien lo que hacer y no dice toda la verdad. Y que si esto sigue así vamos a permanecer confinados y en ‘Estado de Alarma’ todo el mes de abril y España pronto superará a Italia en el liderazgo de mortandad.

Y eso significa que el deterioro de la economía española será enorme si la crisis dura tres o cuatro meses. Y por ello Sánchez pide euro bonos a la UE y de momento se resiste a solicitar en la Unión Europea el rescate financiero que puede que, finalmente, no tenga más remedio que solicitar.

Los dos problemas, sanitario y económico, se solapan y alimentan el uno con el otro sin que este gobierno perdido en su laberinto, sin imaginación, escaso de nivel y con deficiente gestión, sepa con exactitud lo que hay que hacer y cuál es el camino que se debe tomar, aunque ya sabemos que nada es fácil. Como sabemos que la Oposición tampoco ofrece alternativas muy concretas y diferentes para solucionar esta compleja situación.

Es decir no hay certezas, el vigente momento sanitario es bastante malo, y el horizonte económico se presenta preocupante. ¿Dónde está la solución? Puede que muchas cosas de las que hace este Gobierno se pueden mejorar.

Pero, para la cuestión económica, hay una que no tiene arreglo salvo que se produzca un vuelco en el Gobierno de Sánchez porque necesita una mayoría parlamentaria que dé estabilidad, ministros de prestigio y sacar del Gabinete  la inquietante presencia, para los mercados e instituciones europeas, de la extrema izquierda de Unidas Podemos que además lo único que aportan es gasto e intervención de la vida económica, privada y ciudadana.

Y sobre todo eso y la necesaria reforma del Gobierno en pos de un Gabinete de expertos en la crisis es sobre lo que debe de reflexionar Pedro Sánchez, y también Pablo Casado en la Oposición. Y mientras tanto el país asustado, sin escapatoria sanitaria y camino de una gran crisis económica y social.

¿Y el milagro, la esperanza y la ilusión? Pues todo eso hoy no existe pero tiene un nombre: la vacuna. La que llegar llegará, probablemente a partir de mayo aunque faltará tiempo para su producción masiva y su distribución. Pero el solo anuncio de su existencia cambiará muchas cosas porque en el ámbito económico y financiero (y en el de la ciudadanía en general) el que haya expectativas de victoria contra el virus, aunque no sean inmediatas, puede cambiar muchas cosas y todo mejorará.