El Gobierno en busca del tiempo perdido

Lo dijo el presidente Sánchez en una de sus últimas alocuciones ‘barrocas’ y de autobombo: ‘necesitamos tiempo para preparar el sistema sanitario’. Y esas palabras, que para muchos pasaron desapercibidas, son la clave de lo que está pasando en España y las que pueden explicar la situación actual del desarrollo de la crisis de la epidemia en nuestro país.

La situación es la siguiente: no existe una sola ‘ola dura y dañina’ del virus, como anunció Sánchez, que está a punto de llegar a España y que los portavoces del Gobierno la identifican como ‘el pico’ o la parte alta de la curva de la infección y que, una vez pasada, comenzará la recuperación.

Porque además de esa ola que ya supera los 60.000 contagios y se acerca a los 5.000 fallecidos, tenemos bajo ese pretendido y agitado mar otra ola, o más bien un tsunami, mucho más dañino que la primera ola, como es el que representa la lista no contabilizada de miles de españoles contagiados que están recluidos en sus casas.

Y a los que el Gobierno no les quiere hacer el ‘test rápido’ sobre posibles contagios por dos razones: para que no se junten las dos olas cuando el personal sanitario está exhausto, desbordado, sin trajes de protección ni mascarillas y con muchos de ellos infectados; y porque no tienen los tests.

Por ello el Gobierno ahora necesita tiempo para preparar bien el sistema sanitario antes de que rompa la primera ola en la orilla de los 100.000 contagios y evitar que se junte con la segunda ola, la que también está al llegar y podría llevar el contagio hasta los 200.000 acumulados.

Y necesita tiempo el Gobierno para reforzar hospitales y abrir otros nuevos, como el de Ifema en Madrid (que ayer visitó el Rey mientras Iglesias sigue desaparecido), y para ver si entre tanto empieza a llegar bien y en buenas condiciones el material sanitario que han comprado en China y que tardará algunos días o semanas en llegar al completo.

Unas compras del material sanitario, que ya tienen en su reciente historial, el escándalo de una partida de miles de test rápidos que no sirven para nada y que según la embajada de Pekín en Madrid se compraron a una empresa China que no tiene licencia para ello.

Lo que da una idea del caos imperante en el Ministerio de Sanidad, cuyo titular Salvador Illa está desbordado y carece de nivel apropiado para la gestión pública de conocimiento de la Sanidad.

Este Gobierno ha llegado tarde a todo y bastante mal, y de ahí la falta de previsión de carencias sanitarias en hospitales, material y tests, y ahora está en la búsqueda desesperada del tiempo perdido mientras las oleadas de los contagios y muertes del coranovirus no dejan de crecer.

Y amenazan con colapsar la Sanidad creando sensación de pánico en la ciudadanía, cuando no de estupor como cuando aparecieron las imágenes de los pasillos abarrotados de enfermos del Hospital Severo Ochoa de Leganés, en Madrid. O cuando supimos, por fin, el número de los ancianos muertos en las residencias de mayores de Madrid en los últimos días: ¡850 ancianos fallecidos! Y algunos de ellos en condiciones de total abandono.

Este Gobierno necesita tiempo y una profunda remodelación y cambio de sus Ministros más notables, incluidos los vicepresidentes Calvo e Iglesias. Y eso solo como primer paso hasta que Sánchez, con el agua al cuello, se vea en la necesidad de pedirle al PP un Gobierno técnico de ‘unidad nacional’.