No es una ola dañina, es un tsunami destructivo y letal

El presidente Sánchez anuncia un nuevo decreto para la prórroga, hasta el día 13 de abril, del ‘estado de alarma’ lo que supone el confinamiento de los españoles en sus casas durante un mes. Y aunque Sánchez no lo confirma parece que el Gobierno medita la suspensión de actividades empresariales que no sean imprescindibles para el país.

Lo que responde a la gravedad del impacto de la crisis del coranovirus en España que va de mal en peor, sin fecha de caducidad y con la amenaza de una ‘ola dura y dañina’ de coranovirus que se aproxima (especialmente a Madrid). Así la llamó Pedro Sánchez en uno de sus insufribles monólogos sobre la nada y el ‘todo el mundo es bueno’. Los que empiezan a indignar a los ciudadanos -de ahí las caceroladas en su contra- y en los que Sánchez no dice toda la verdad.

Porque lo que se atisba en el horizonte inmediato español no es una ‘ola dañina’ sino un Tsunami que va a causar en los próximos días cientos de muertos y miles de enfermos contagiados. Todo ello en un momento de pánico porque la Sanidad madrileña está colapsada por falta de previsión, planificación, y la ausencia flagrante de un mando sanitario nacional.

La canciller Angela Merkel ha quitado poder a los Landers para unificar la respuesta nacional sanitaria y de compras de material médico. Mientras que en España Sánchez, el la ‘nación de naciones’ y por miedo al soberanismo catalán, ha hecho todo lo contrario. Y ha convertido las Autonomías en ‘El Ejército de Pancho Villa’ para la batalla contra el coranovirus. Y de ahí sale la descoordinación en las compras y repartos de material médico y sanitario.

A lo que hay que añadir sus pretendidas ‘piadosas mentiras’ sobre la verdad de la crisis sanitaria porque Sánchez ha frenado los ‘tests rápidos’ para la detección del virus en Madrid, porque en esta Comunidad la Sanidad está colapsada y se teme la aparición -‘la avalancha’ la llamó Sánchez- de miles de contagios hasta ahora ocultos y en cuyo origen de propagación está la manifestación feminista del pasado 8 de marzo.

Las últimas cifras de Madrid hablan de 10.000 contagios -y eso que aún no se han hecho los tests rápidos’- y de 1.000 muertos lo que supone el 10 %, un porcentaje altísimo no visto en otros países. Y un porcentaje mucho más grave relativo al personal sanitario contagiado que alcanza la cifra de 3.500 sanitarios, el 12 % de los casi 30.000 ya contagiados en toda España a los que se debe añadir 1.800 fallecidos, un 6 % de mortalidad nacional.

Es por ello Sánchez, desconcertado y desarbolado, pidió el sábado y no sabemos a quién ‘tiempo para preparar el sistema sanitario’ ante la llegada de la ‘ola’ que, como decimos aquí, será un Tsunami con cifras destructivas que causarán pavor y clamor en España y en todo el mundo.

Pero el nudo gordiano y la clave del momento crucial de la crisis está en que el Gobierno no se atreve a poner en marcha en las Comunidades de Madrid, Cataluña, País Vasco y Navarra -las más afectadas- los ‘test rápidos’ para la detección del coranovirus en las personas con síntomas y refugiadas en sus casas.

Y no lo harán de manera contundente y masiva porque se presienten cifras espeluznantes que algunos observadores sitúan en cerca de los 100.000 contagios y de los 5.000 muertos antes de la fecha final del segundo ‘estado de alarma’ el 13 de abril. Y si es así el colapso sanitario y el estupor general se convertirán en un perjuicio añadido a esta situación.

¿Qué hacer? Pues en primer lugar esperar que cuando antes aparezca una vacuna eficaz o un medicamento paliativo o preventivo que amortigüe en nuestro país el duro impacto de la epidemia.

Y en segundo lugar y mientras la Oposición calla y nadie en el PSOE abre la boca o mueve un dedo, a pesar de que este Gobierno de Sánchez e Iglesias está fracasado y desbordado, esperar el final de este Gobierno en pos de un Ejecutivo de ‘unidad nacional’ de PSOE-PP, a ser posible sin Sánchez, y que tarde o más temprano debe llegar para hacer frente a la emergencia nacional de la Sanidad, la economía y el empleo y la vida institucional.