La grave crisis sanitaria italiana dispara la alarma en Europa 

La cifra de 366 fallecidos y de 7.300 personas contagiadas en Italia por la epidemia del coranovirus constituye un serio motivo de alarma en el seno de la UE. Lo que está preocupando y mucho a las autoridades de la Unión Europea y no digamos a las italianas que han establecido un cerco de movilidad que afecta a 15 provincias del norte italiano (especialmente a la Lombardía) en las que viven cerca de 16 millones de ciudadanos.

Los datos de Italia deberían poner en guardia a las autoridades españolas para estrechar y extender las medidas de seguridad. Y sobre todo para hacer un seguimiento especial de la disponibilidad del personal sanitario y de los hospitales que están acogiendo a las víctimas del contagio. Así como de las medicinas, mascarillas y trajes médicos anti contagio.

No se trata de crear más alarma en nuestro país, donde nos acercamos a la cifra de 20 fallecidos y a las 600 personas contagiadas por el coranovirus, pero sí de aumentar el nivel de las precauciones y las advertencias sobre todo en aquellos núcleos de población donde el impacto epidémico haya sido mayor.

Tenemos la impresión de que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, lo está haciendo bien en todo lo relativo a esta crisis del virus pero no sabemos si el presidente Pedro Sánchez -que aún no ha informado al Parlamento sobre la epidemia- tiene preparado unos protocolos de urgencia por si aumentara de manera rápida y exponencial el contagio en nuestro país.

Y lo mismo cabe decir de la Unión Europea donde las autoridades de la UE parecen tomarse, con exceso de calma, esta situación que en Italia ya está desbordando todas las previsiones iniciales (el Gobierno de Roma acaba de anunciar la compra de 22 millones de mascarillas) y amenaza con empeorar.

Y la primera cuestión que se plantea en la UE es la del posible cierre de las universidades y los colegios, y la de promover el tele trabajo a domicilio en aquellas empresas en las que ello sea posible. Y desde luego suspender las concentraciones de ciudadanos porque toda preocupación es poca.

Lo que no parece avanzar con la velocidad esperada es la investigación de una vacuna que frene y corte la epidemia y este retraso de la ciencia, por la indiscutible agresividad y complejidad del virus llegado de China, crea aún más incertidumbre y ansiedad en los gobiernos de todo el mundo y en el conjunto de la población del planeta, donde la epidemia todavía está en una fase primaria que si no se controla y acota pronto se podría desbordar.

Sin embargo sabemos con certeza que los científicos de muchos países están trabajando de manera denodada y a toda velocidad y que se están haciendo pruebas con medicamentos que se han utilizado en contra de los virus más agresivos como han sido los de la malaria, el ébola y el VIH, a la espera de encontrar el antídoto más rápido y eficaz.

Pero debemos tener paciencia, esperanza y confianza porque esta batalla se va a ganar pero sin bajar la guardia ni relajar la prevención por lo que pueda pasar.