Crisis múltiple y la gran coalición 

Puede que en una fecha no muy lejana asistamos a un, ahora, inesperado encuentro entre Pedro Sánchez y Pablo Casado para la puesta en marcha de un pacto de Estado que aborde la crisis sanitaria del coronavirus, su impacto en la economía española y de la UE, el desafío catalán y el muy deteriorado marco institucional español. 

Y es posible que la crisis sanitaria se convierta en la palanca y argumento para forzar esa virtual o efectiva ‘gran coalición’ que le obligaría a Sánchez a expulsar a Podemos del Gobierno y a romper sus acuerdos con ERC. 

Y que tendría como objetivos a corto plazo la crisis sanitaria, un pacto para unos Presupuestos moderados de 2020, la reforma exprés de la ley electoral y un calendario pactado para unas próximas elecciones a partir de 2021. 

Esa sería, sin duda alguna, una buena opción para España y un regreso de Sánchez y del PSOE al marco constitucional después de más de 20 meses de estancia de Pedro Sánchez en el poder, tras la moción de censura contra Mariano Rajoy del 1 de junio de 2018. 

Desde entonces, Sánchez ha optado por un gobierno de izquierda radical (como el que ahora sufre problemas internos) y unos pactos con ERC que también tienen muchas dificultades, camino del incierto y temerario modelo territorial para una España de corte confederal y discriminatorio para el resto de Comunidades Autónomas. 

Pero este rumbo, hoy en cuestión, empieza a hacer aguas y le recuerda a Pedro Sánchez sus importantes errores del pasado inmediato. Porque tras las elecciones generales del 28 de abril de 2019 ni Pedro Sánchez ni Albert Rivera tomaron la iniciativa para la formación del Gobierno de coalición entre PSOE y Cs, a pesar de que ambos partidos -que intentaron gobernar juntos en 2016- sumaban mayoría absoluta de 180 escaños. 

De ese fracaso se han derivado serios problemas para nuestro país, una vez que Sánchez en el mes de julio pasado optó por un giro hacia la izquierda radical en favor de Podemos.

Lo que Sánchez tampoco culminó en la votación de su investidura del 25 de julio (dijo que Podemos le quitaba el sueño), a pesar que en ese momento Pablo Iglesias había renunciado a entrar en el Gobierno y que ERC no exigía entonces compensaciones soberanistas porque no se conocía la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés. La que se publicó el 14 de octubre con severas penas de cárcel e inhabilitación para los condenados por el golpe catalán de octubre de 2017. 

Luego llegaron las elecciones del 10-N de 2019 y Cs se hundió y bajaron PSOE y UP. Pero, al día siguiente, Sánchez anunció el Gobierno de coalición con Podemos y con Iglesias de vicepresidente, buscando el apoyo de Bildu y ERC para investidura. 

Y ahora estamos en plena crisis sanitaria del coronavirus con un importante impacto negativo en la economía, nuevas amenazas y exigencias por parte del soberanismo catalán, creciente deterioro institucional y falta de cohesión interna en el Gobierno, así como en la Mesa de Diálogo catalana por los enfrentamientos descarnados entre ERC (Junqueras) y JxCAT (Puigdemont). 

Y para colmo con deterioro de la imagen de La Corona por causa de las informaciones que afectan a las pasadas relaciones personales y también económicas del emérito Rey Juan Carlos I y Corinna Larsen.

¿Que puede ocurrir? Pues que Sánchez continúe con su ciega cabalgaba con Podemos y ERC a ver hasta donde llega y qué precio tiene todo ello para España, con tal que él permanezca en el poder. O puede, también, que Sánchez se caiga del caballo y regrese a la senda constitucional en pos de un gobierno estable que aborde con amplia mayoría parlamentaria la muy difícil y complicada agenda política nacional.