Junqueras y Puigdemont entran en La Moncloa

No debe ser difícil imaginar el profundo malestar y la sensación de orfandad que deben sentir en estos momentos esa mayoría de ciudadanos catalanes que se declaran españolistas y constitucionales ante el espectáculo que hoy ofrecerá en La Moncloa el Gobierno de Pedro Sánchez, recibiendo con los brazos abiertos en la falsa Mesa de Diálogo a los equipos políticos del preso Oriol Junqueras y del Prófugo Carles Puigdemont.

España sigue siendo un país ‘diferente’ donde el Rey preside el Consejo de Ministros de un Gobierno donde se sientan comunistas. Nunca en la historia de la monarquías se ha visto algo igual. ¿Se imaginan al Zar Nicolás II con Lenin sentado en el Consejo de Ministros de Rusia?

Pues en España todo es posible. Hasta el punto que dirigentes de ERC y JxCAT, desde Aragonés a Torra, y sus séquitos del núcleo duro de dos golpistas y delincuentes, como son Junqueras y Puigdemont, van a iniciar hoy en La Moncloa una reunión de rango ‘bilateral’ entre los Gobiernos de España y Cataluña.

Una situación demencial, que viene a decir que Cataluña no es parte de España. Y que los soberanistas amplían y empeoran asegurando que se trata de un encuentro entre ‘Cataluña y el Estado español’.

Un encuentro, según la pandilla visitante catalana, es para negociar y pactar con el Gobierno de España: una ‘ley de amnistía’ para los golpistas del 27-O de 2017; y un referéndum de autodeterminación. Dos propuestas imposibles por inconstitucionales que el presidente Sánchez ha rechazado en público (entonces ¿para qué se reúnen?) y que se convertirán en el punto de partida de un ‘diálogo’ imposible.

Una conversación temeraria sobre el mal llamado ‘conflicto político’ catalán, que lo es solamente de continua ausencia de orden público y de legalidad en Cataluña. Una reunión donde Pablo Iglesias, recientemente incorporado a la Comisión del Gobierno donde informa el CNI, parece oficiar como ‘relator’ dada su disposición a facilitar la amnistía y la autodeterminación.

La asombrosa Mesa de hoy en La Moncloa solo debería de servir para que Pedro Sánchez le exija al presidente, condenado e inhabilitado, Quim Torra y a sus acompañantes y ‘representantes’ de Junqueras y Puigdemont que en Cataluña se cumpla la Constitución y la legalidad. Y que los invitados a La Moncloa, y sus respectivos partidos, se deben comprometer a rechazar toda declaración unilateral de la independencia catalana, como pasó en 2017.

Es verdad que las respectivas comitivas de Junqueras y Puigdemont se odian entre ellas y se preparan para enfrentarse a cara de perro en una dura campaña electoral durante los comicios catalanes que Torra podría convocar en el mes de mayo.

Pero eso ni consuela ni tranquiliza a los catalanes españolistas que ven, con enorme desagrado y la máxima preocupación, al Gobierno de España cada vez más cerca del soberanismo catalán que del interés general español.