Sánchez y Casado, última oportunidad

No estaría nada mal que Pedro Sánchez y Pablo Casado llegaran a un acuerdo para aprobar los Presupuestos del Estado sin necesidad de la colaboración de los partidos soberanistas vascos y catalanes.

Pero eso, al día de hoy, es una quimera o un sueño imposible de realizar por varias razones: porque Casado le exigiría a Sánchez unas Cuentas públicas más moderadas y un cambio de rumbo en Cataluña y en política Exterior; y porque el acercamiento del PSOE al PP podría poner en riesgo el Gobierno de coalición de Sánchez con Iglesias.

No obstante la posibilidad existe y en el caso de una ‘emergencia política’ se podría explorar. Y puede que con cierta discreción este quimérico pacto se debería tantear el próximo lunes en Moncloa donde se reunirán -por primera vez desde las elecciones del 10-N- Pedro Sánchez y Pablo Casado.

Las distancias que los separan son enormes en política catalana, económica y exterior pero da la impresión que Sánchez quiere dejar una puerta abierta con el PP de cara a los Presupuestos de 2020 por si estalla su relación con ERC.

El Presidente está inquieto y preocupado porque depende de Iglesias y de Junqueras, dos que no son de fiar y le quitan (o le quitaban) el sueño. Y es por ello por lo que ahora quiere hablar con Casado, antes de que se anuncie el estreno la Mesa de Diálogo de los Gobiernos de España y Cataluña.

Tan inquieto está Sánchez que el pasado miércoles, durante el debate de control al Gobierno en el Parlamento, el Presidente, en su choque con el líder de Vox, Santiago Abascal, no dudó en bajar al fango de la política y a preguntar por los ‘visados’ de las obras madrileñas de Rocio Monasterio (portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid). Un reproche de menor cuantía impropio de un Presidente del Gobierno.

Pero para defender a Ábalos y tapar sus reuniones con Torra el presidente se agarra a Vox y baja el nivel de sus debates políticos, lo que da una idea de lo preocupado y lo desconcertado que está.

Sin embargo la relación ampliamente mayoritaria entre PSOE y PP debería ser objeto de diálogo en pos de un entendimiento constitucional. En realidad es el único ‘Plan B’ que le queda Sánchez si salta por los aires su relación con ERC. En cuyo caso Sánchez debería buscar el pacto con el PP para los Presupuestos y ahí incluida una reforma en profundidad de la ley electoral, para acabar con los chantajes del nacionalismo a la estabilidad del Gobierno nacional.

Lo que no puede pretender Sánchez es un pacto de sangre con Podemos y ERC, alejarse de Francia y Alemania, apoyar a Maduro, subir los impuestos, conceder los indultos a los golpistas y luego pedirle a Casado que ponga en marcha una ‘oposición de Estado’ y un pacto sobre el Poder Judicial cuando es Sánchez quien está destruyendo el Estado y la Justicia para conseguir los votos de ERC.