De Cataluña a Extremadura

El presidente de la Comunidad de Extremadura Guillermo Fernández Vara se ha olvidado de España callando como un muerto ante las concesiones de su líder y presidente Pedro Sánchez a delincuentes políticos catalanes, como el tal Quim Torra, condenado e inhabilitado, al que Sánchez visitará el día 6 de febrero en Barcelona y, probablemente, en la Generalitat.

Fernández Vara es incapaz de llevar el AVE (o un tren que no se rompa) y algo de industria o tecnología a Extremadura. Mientras, su región no cesa de perder empleos y alcanza el mayor índice de paro (23,48 %) de España, con la pérdida de más de 20.000 empleos en el último trimestre de 2019. Y entre otras cosas por el impacto de la subida del SMI en el ámbito rural, lo que sin duda irá a más y a peor.

Ahora que el Gobierno piensa rebajar las penas del delito de rebelión para soltar al delincuente y chulo Junqueras (su intervención de perdonavidas de ayer el Parlament fue repugnante) de la cárcel/residencia de Lledoners, Vara podría declarar la independencia de Extremadura, o pedir su federación con Portugal, o con Andalucía para reforzar los intereses del siempre marginado Sur de España.

O amenazar a Sánchez con el voto en contra de los diputados extremeños en el Congreso como lo han hecho las minorías de Teruel y Cantabria (que tendrá AVE antes que Extremadura). O como lo hacen el PNV, Bildu y ERC mientras pasan el cazo por La Moncloa al ritmo del tango Cambalache: ‘el que no llora no mamá, y el que no afana es un gil’.

Pero Fernández Vara, el otrora político de empaque y razonable, se allanó ante su amo de La Moncloa, como otros de sus compañeros gobernantes del PSOE y ha abandonado el constitucionalismo en pos del sanchismo soberanista. Y participa en el coro del silencio -‘la izquierdita cobarde’- de dirigentes socialistas, entre los que apenas se escuchan los lamentos del Sancho Panza Emiliano García Page, que tampoco pasan de ahí.

Sánchez viajará en su Falcón a Barcelona a primeros de febrero porque teme que Torra adelante las elecciones catalanas y que ello le estropee su estratégico plan para conseguir los Presupuestos de 2020. Porque, en el pacto de investidura del PSOE con ERC, Sánchez se comprometió -en su apartado secreto- a que Junqueras podría participar en las elecciones de Cataluña.

Pero si Torra adelanta los comicios al mes de marzo o de abril, a Sánchez no le quedará más remedio que conceder inmediatamente los indultos a los golpistas catalanes, con gran estruendo nacional y alto revuelo en el PSOE para que Junqueras sea candidato a la presidencia de la Generalitat.

Sobre todo porque la anunciada reforma del Código Penal sería muy larga y compleja y porque en Moncloa se habían olvidado y lo acaban de descubrir que los jefes de los presos sediciosos catalanes están condenados por el delito de sedición y también por el delito de malversación que incluye penas de prisión e inhabilitación.

O sea, Sánchez se va de cabeza a Barcelona a implorar al inhabilitado Quim Torra que no adelante los comicios catalanes, mientras prepara los indulto de Junqueras y su banda, mientras Guillermo Fernández Vara se relaja en su residencia de Mérida contemplando el manso paso del Guadiana y tocando con parsimonia el violón.