España en la semana del Brexit

Mientras que en España seguimos inmersos en las maniobras catalanas de Pedro Sánchez con el separatismo catalán y los disparates y desafíos del inhabilitado y enloquecido Torra, en la Unión Europea y el Reino Unido la maquinaria y la cuenta atrás de la histórica ruptura del Brexit avanza de manera inexorable hacia las 24 horas del día ‘D’, el próximo viernes día 31, que confirmarán la salida definitiva de Gran Bretaña de la Unión Europea.

Una ruptura de imprevisibles consecuencias políticas y económicas para los británicos y los 27 países de la UE. España ahí incluida de especial manera por la presencia en el Reino Unido de importantes bancos (el Santander) y empresas españolas (Iberdrola, Telefónica, y lo que queda de Iberia entre otras).

Y a no perder de vista los posibles efectos negativos en las inversiones y el turismo inglés que son muy importantes en nuestro país. Y por supuesto falta por ver qué consecuencias traerá todo ello para la relación de España con la colonia  titánica de Gibraltar que este viernes abandonará el territorio de la UE.

Es verdad que, una vez hecha la ruptura oficial del viernes que tanto festeja de manera temeraria el primer ministro británico Boris Johnson, quedará un año de transición para regular en ese tiempo una nueva relación comercial que han de negociar el Gobierno de Londres con las instituciones de la UE en Bruselas.

Un acuerdo que no será tan fácil como los británicos creen porque la UE será implacable y ya está orientando su prioridad comercial hacia Asía, Australia, Canadá, Japón y America Latina. Mientras el Reino Unido buscará una relación especial con EE.UU., tal y como se lo ha ofrecido Donald Trump a Boris Johnson.

Pero todo apunta a que el Reino Unido tiene mucho más que perder fuera de la UE que las naciones europeas. Para empezar por la fractura social de espete país donde donde la mitad de los británicos y sobre todo los jóvenes están más cerca de Europa, que del aislamiento y la ensoñación de regresar a los tiempos de un Imperio que hace ya muchos años que se acabó.

Y también porque está ruptura puede generar en el Reino Unido la fractura e independencia de Escocia o la reunificación de las dos Irlandas. Lo que no será inmediato pero si los efectos económicos del Brexit son muy negativos para Escocía e Irlanda del Norte la independencia de ambas naciones se va a acelerar.

También el Brexit tendrá un duro impacto en el hasta ahora liderazgo de las finanzas europeas que tenía su sede en la City de Londres, y que se partirá en beneficio de París o Francfort, perdiendo Gran Bretaña una muy favorable posición en el mundo financiero internacional y global.

Y por supuesto esta ruptura política, pedida y aprobada por los ingleses, estará en el principio del fin de la OTAN. La que el propio Donald Trump ha comenzado a desmantelar con su prioridad estratégica en Asía y frente a China y su desprecio y mal trato a Europa, algo de lo que EE.UU. tarde o temprano se arrepentirán.

Ante el proceso de destrucción de la OTAN, que Trump calificó de ‘obsoleta’, y que ya vieron venir los primeros gobernantes europeos, y especialmente el presidente Macron y la canciller Merkel, la UE ha puesto en marcha su nueva  política de Defensa y Seguridad europea (PESC) que ahora lidera el político español Josep Borrell.

Muchas incógnitas y temores sobrevuelan el inminente Brexit del viernes al que el Gobierno de Pedro Sánchez, obsesionado con las intrigas de sus aliados separatistas Junqueras y Torra, no ha prestado la máxima atención y prioridad que está histórica ruptura merece. Pero si Sánchez no tiene al día de hoy un proyecto unitario para España poco se puede esperar de la que ha de ser su política con la UE.

Máxime si tenemos en cuenta la presencia de Podemos en el Gobierno de la nación. Un partido que acaba de imponer a Sánchez una deriva exterior, de corte bolivariano, para la diplomacia hispana en América Latina como lo acabamos de ver con los incidentes de la embajada de España en Bolivia y con el desprecio de Sánchez al ‘presidente encargado de Venezuela’, Juan Guaidó.